Jorge Martí

El viernes 20, en Concepción del Uruguay, se presentará el libro Fotografía en palabras: La Liebig de Martí, de la arquitecta Adriana Ortea y el poeta Jorge Enrique Martí, una obra que reúne imágenes y poemas que retratan la vida en ese pueblo-factoría, de la costa del Uruguay.

Pero también, la ocasión será propicia para homenajear a uno de los grandes poetas entrerrianos. Es que la Cámara de Diputados hará un reconocimiento a Martí por cumplirse 60 años de la publicación de Panambí, su primer libro de poemas.

“Fotografía en Palabras – La Liebig de Martí” es una publicación profusamente ilustrada que celebra el paso de casi un siglo en Pueblo Liebig, desde el frigorífico de capitales británicos hasta el pueblo sobre el Río Uruguay de la actualidad. Las fotos de familia y la fábrica tomadas a lo largo de décadas por Don Francisco Martí, junto a los poemas de su hijo, el poeta Jorge Enrique Martí, y la investigación histórica de Adriana Ortea, hacen de este libro un rico pantallazo de la vida social y el trabajo de la industria de la carne en el litoral argentino.

Laurentino dialogó con este destacado poeta entrerriano.

-¿Cómo se siente con este homenaje?

-Me siento feliz, porque viene de parte de los representantes del pueblo, los que fueron elegidos democráticamente. Estas son las cosas lindas de la vida, como escuchar en una escuela que los chicos reciten mis poemas. Eso me ha pasado.

-Cuéntenos sobre el libro que se va a presentar..

-La arquitecta Ortea ha hecho un trabajo sobre Pueblo Liebig, el pueblo donde me crié. Ella se ha preocupado muchísimo por tratar de rescatar para la historia el patrimonio de un tiempo industrial que se ha perdido en Entre Ríos, un tiempo simbólico en nuestra provincia. Ha realizado este trabajo en base a la vida del pueblo, a la cual yo le he dedicado buena parte de mi contribución literaria, además utilizando uno de los hobbies que ha tenido mi padre que era la fotografía. Este libro es una muestra de algo que ya es pasado, pero un pasado mirado con los ojos del afecto y muy lleno de futuro es un sitio encantado, hermosísimo, a la costa del río Uruguay

-¿Cómo se siente al ver las fotografías que tomó su padre?

-Para un hombre tan viejo como soy yo, es emocionante encontrar la presencia de mi padre y de mi madre en un libro, es decir que colma infinitamente todas las inquietudes que pueda tener un ser humano. Son imágenes de un continuo recorrer del pueblo, proyectadas por un hombre que las miraba con mucha ternura. Todavía conservo las viejas máquinas porque era una hermosa inquietud de mi padre. Él lo hacía como aficionado.

-¿Los poemas, fueron escritos especialmente para el libro o ya los tenía?

-Los poemas han sido escritos a lo largo de los años. Este año se cumplen 60 años de mi primer libro. Mis primeros poemas fueron publicados en El Diario, de Paraná. Tenía una amistad muy cercana con Marcelino Román, que era uno de los periodistas importantes de El Diario, y también tenía buena relación desde muy joven con don Arturo Etchevehere. Muchos de los poemas que salieron en El Diario están publicados en Panambí.

-¿Fue difícil publicar Panambí?

-Los hombres del interior tenemos que defendernos de alguna manera. Las editoriales muy tardíamente llegan al escritor del interior. Todos los grandes escritores nuestros han publicado con mucho esfuerzo sus libros. Es bueno recordar a Juan L. Ortiz. Entre los amigos se hacían una especia de bonos con los cuales, distribuidos por la provincia, se iban juntando el dinero necesario para publicar el libro. Yo tengo un par de libros de ese tiempo, inclusive dedicados por Juan L. Es muy raro que aparezca alguna editorial. Los primeros días del mes que viene aparecerá mi primera antología que reúne poemas de mis 10 libros, es como autohomenaje, por los 60 años de Panambí.

-¿Hay alguna nueva publicación?

-Sí, seguramente el mes que viene saldrá un libro que reúne mis poemas de las 10 obras que he publicado. Está dedicado a Ricardo Rojas, que fue mi maestro en la Universidad y mi maestro para siempre. En esta antología, en la contratapa hay una carta de Rojas que para mí significó mucho.

-¿Sigue escribiendo?

-Sí señor, eso es algo de todos los días. Siempre estamos haciendo algo. Es una especie de contrato que uno tiene, entre la vida y la literatura. Sobre todo con la poesía que está, pobrecita, tan abandonada. Prácticamente, se la ve como el arpa que recordaba Becquer en algunas de sus rimas, enmohecida, llena de polvo, olvidada en un rincón de la casa. Los entrerrianos que hemos tenido tanta relación con la poesía hay que ver de qué manera la impulsamos. Uno de mis últimos libros se hizo en el 2006 dentro del Programa de Identidad Entrerriana, de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia y el Consejo Federal de Inversiones. Lo editó la Editorial de Entre Ríos, se llama Poetas, es una serie de retratos que yo ye hecho a lo largo de los años de muchos poetas que han sido mis amigos, con los que me he ido formando. Es un rescate de tantas cosas que están siendo olvidadas, debido a la importancia comercial que han impuesto las editoriales que han puesto a la novela como la gran capitana de los tiempos que corren. La poesía tiene ese encanto perdurable, que más allá de los negocios y los intereses creo que sigue volando por el cielo de nuestra provincia.

-¿Cuál es su relación entre el río y su poesía?

-Yo he vivido buena parte de mi vida cerca del río Uruguay, también he sido vecino de Paraná un tiempo corto. Pero el río Uruguay es un nutriente permanente de mi poesía. Los ríos nuestros son una maravilla. Me acuerdo que hace muchos años en una celebración escolar en Colón vino Juan L. Ortiz y dio una conferencia, precisamente sobre el paisaje de Entre Ríos y habló sobre la presencia del río, que está inicialmente en los poemas de Olegario Andrade. El río está en Juan L. en su larguísimo poema Gualeguay, el fresco abrazo de agua de Carlos Mastronardi, los poemas de Seri, de Carlos Alvarez, Marcelino Román. Sin olvidar a Saraví o Delio Paniza. La presencia del río Uruguay ha sido una presencia no sólo que anda caminando por la provincia.

-El río sido muy maltratado últimamente…

-Hay un gran olvido del río. Colón nació en 1863 como un puerto, pero actualmente el puerto está totalmente roto e inutilizado. Lo que era el río Uruguay históricamente, como camino de mercadería y sobre todo de gente, de pasajeros, está totalmente destruido. Uno se puede quedar 24 horas en lo que fue el puerto de Colón y no va a ver pasar, ni para abajo ni para arriba, ningún barco. Nos hemos olvidado del río. Está nada más que como un fuerte atractivo turístico. Este río hace años que no se draga y por eso está totalmente inhabilitado para navegar.

-Usted ha trabajado mucho para fortalecer el vínculo con el uruguay, fue impulsor del puente con Paysandú. ¿Cómo vive el conflicto por las papeleras?

-Con profunda pena. Uruguay es una imagen nuestra, nosotros somos tan argentinos como uruguayos. He perdido hace unos años a uno de mis más entrañables amigos que fue Aníbal Sampayo, cantor por excelencia del río Uruguay. Las veces que conversamos de eso, él me manifestaba su gran preocupación, como un uruguayo que anduvo tanto por Entre Ríos, y yo como un entrerriano de aquí que con tanta frecuencia estuve conectado con el Uruguay. Siempre hubo una actitud de reunirnos, juntarnos más. Además, es un absurdo desde el punto de vista constitucional, legal, cortar una ruta. El puente de Colón también estuvo cortado. Es un tema para charlarlo mucho, se ha puesto duro ese acontecer. Hay que desatar esa madeja que no sirve para nada. Va a tener pronto una resolución a través de un fallo de la Crote de La Haya, que los dos países han dicho que lo van a respetar. Todo esfuerzo debe tratar de juntarnos, para que argentinos y uruguayos sean como han sido siempre, dos países que quieren andar juntos. Así de simple es la cosa. En 1914, en uno de sus libros señeros, el maestro Ricardo Rojas nos cuenta que los entrerrianos de la costa del Uruguay somos muy parecidos a los uruguayos.

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