Archivo de la categoría ‘Entrevistas’

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“Todo empezó en abril…En mayo, el 1ro. más precisamente, fue la primer reunión, para ver cómo empezaba esto… Pusimos en condiciones el auto y salimos a la ruta en agosto con mil inconvenientes…Increíblemente ya llevamos recorridos más de 4.000 km abordo de “la nave”. Este trabajo, esta locura de salir a fotografiar cada rincón de la provincia, ha sido una de las más acertadas en nuestras vidas. Es aprender en cada viaje y emocionarnos con cada lugar. Conocer para dar a conocer, mostrar para recordar a los que ya conocen…rescatar y poner en primer plano la simpleza y el esfuerzo de la gente de campo, de los isleros, de los pescadores…de los habitantes de esta provincia tan rica. En este corto tiempo, han pasado innumerables cosas, buenas y malas.. y el balance es totalmente positivo. Este año comenzó lo que nos tendrá ocupados todo 2010… Creemos más que nunca, y nos sentimos privilegiados de poder transitar por los caminos, ríos, arroyos y senderos de Entre Ríos… Enero, febrero y marzo perfilan muy intensos… y no vemos la hora de salir de nuevo”, cuentan Melina Tempelópoulos Yuros y Gustavo Cabral, los responsables del proyecto “Un fresco abrazo de agua”, un registro de imágenes de cada rincón de la provincia.

-¿En qué consiste el proyecto Un fresco abrazo de agua?
-Un fresco abrazo de agua surge de la necesidad de registrar en imágenes la provincia de Entre Ríos. Buscamos, antes de embarcarnos en este sueño, material de este tipo, es decir, un libro que tuviera imágenes de la provincia en un formato de buena calidad. Un libro de esos que dan ganas de tener…buena calidad de impresión, buen diseño, una compilación que delineara una identidad, que estuviera teñido de una personalidad bien entrerriana.. por eso también el nombre…tomado de LUZ DE PROVINCIA de Carlos Mastronardi. Decidimos separar las fotos en capítulos… así es que tentativamente cuenta con 7: El hombre de campo y sus costumbres, Ríos/arroyos/pescadores, Flora y fauna, Tradición/Músicos/Vestimentas típicas/ doma / baile, Artesanos, Actividad rural (Producción) y Pueblos nativos.
La idea es recorrer cada rincón para mostrar tanto aquello más conocido como así también los lugares menos explorados. En esta búsqueda hemos encontrado sitios realmente increíbles…sobre todo paisajes de costas, arroyos, y lagos que cuando se los hemos mostrado a los más allegados, no nos creen que sean acá. Registrar además los personajes típicos ha sido un tema aparte, cada persona cuenta su historia y nos enseña de alguna u otra manera, con la simpleza, la cortesía y el entusiasmo de la gente de campo, de la cual no dejamos de aprender en cada viaje.

-¿Quiénes lo integran?
-El equipo está integrado por Gustavo Cabral en fotografía y Melina Tempelópoulos Yuros en la producción general. Además contamos con colaboradores que nos asesoran en temáticas específicas. Por supuesto en la instancia final se sumará un diseñador, un editor, un retocador digital… todo lo referente a darle un cierre como se merece a este libro.

-¿En qué estado se encuentra?
-Empezamos a viajar en junio (después de dos meses de investigación). En ese tiempo pudimos recorrer miles de kilómetros (casi 5.000), pero el trabajo creemos que está en un 20%. Sucede que muchas veces el clima no nos juega a favor, o el tiempo no alcanza, entonces debemos volver a cada ciudad. Esto no es un problema en términos de ganas, sino en términos económicos. Es volver a organizar todo como si fuera la primera vez, claro que contando con que en la próxima visita la gente ya sabe de qué se trata y colabora de otra manera. Mucho mejor que la primera, que siempre ha sido realmente increíble.

-¿Qué lugares han visitado?
-Desde el mes de junio hemos podido visitar Chajarí, Federación, Santa Ana, Concordia, Colón, Victoria, Islas del Ibicuy y Gualeguay (sin contar los paisajes que encontramos en las rutas que son increíblemente bellos).De cada lugar volvemos con amigos, gente de todos los estratos sociales que apoyan este proyecto y quieren que volvamos porque dicen: “les faltó tal lugar” o “al que tienen que hacerle fotos es a fulano”… y así se va abriendo el panorama a cosas que en principio no estaban planificadas. Eso es una constante. Lugares como Islas del Ibicuy merecen 3 o 4 visitas. Son lugares que uno no puede recorrer en los 4 días que dura cada salida.

-¿Qué tipo de historias se cuentan? ¿Recordás alguna especialmente?
-Pretendemos contar con imágenes. Ahí está el desafío. Porque es tan rico lo que vivimos en cada viaje, que se hace difícil plasmarlo en fotos. Ahí viene el trabajo duro. Poder sintetizar desde lo visual lo que pasa, las vivencias, la riqueza de cada situación. Pensamos el libro como un libro de fotos con poco texto, solo con referencias, con datos acotados, para que la fuerza provenga de la imágen. Por eso se apunta al rasgo bien típico, la búsqueda de una identidad bien marcada.

-¿Cómo se va a presentar/distribuir/circular?
-La idea es presentar el libro con una muestra itinerante. Es la mejor manera de devolver a cada ciudad el espejo de lo que uno ve desde afuera. Verse reflejados como lo captura el ojo ajeno. A veces los lugareños se sorprenden de algunas fotos, porque dicen: “mirá vos, yo paso todos los días por ahí, no sabía que era tan lindo”. Y eso es hermoso. Mostrar, recordar donde vivimos…

-¿Con qué tipo de financiamiento cuentan?
-Hasta el momento, hemos recibido algunos aportes de comercios que han permitido realizar los viajes, reparar el auto en el que viajamos, ponerlo en condiciones (aunque siempre falta algo). Algunos senadores y Áreas de Turismo han ayudado a que visitemos sus ciudades, ya sea consiguiendo alojamiento, o haciéndose cargo de los viáticos. Por ahora se hace duro. Si bien recibimos el apoyo de la Subsecretaría de Cultura y de Turismo de la provincia que han decretado a Un fresco abrazo de agua de interés provincial, el dinero para continuar es un tema. Esperamos que con la difusión y algunas gestiones, podamos hacer la tarea más fácil .Porque eso es realmente lo que complica las cosas. El tema económico. Por lo demás, los kilómetros recorridos solo nos han traído satisfacciones y aprendizaje.

El diario de viaje en: http://www.unfrescoabrazodeagua.blogspot.com/

Mística del sonido, el primer poemario de Manuel Hazán

 

 

 

Mercedes García

 

Manuel Hazán es un joven poeta entrerriano que acaba de publicar su primer libro por la Editorial Espiral Calipso. “Mística del sonido” fue elaborado durante seis años, se presentó el 13 de diciembre en Rosario, con invitados y música en vivo, y el 2 de enero se mostrará en el Colegio de Psicólogos de Concordia (Laprida 1090), ciudad de la que es oriundo su autor.

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-¿Cómo se dio tu experiencia con las palabras?
-A la palabra y a la música los experimenté, en principio, por mis padres. Si pienso en los primeros contactos, recuerdo sensaciones que tienen que ver con ellos y con sus pasiones que me contagiaron. Esos primeros momentos de la infancia en que escuchaba algo o me acercaba a algún libro eran para mí de mucho misterio, curiosidad y de no entender lo que me llegaba.
Por un lado, mi vieja andaba con sus libros por ahí, entonces, de vez en cuando, iba a la biblioteca y sacaba algún libro de psicoanálisis o de filosofía que ella tenía y lo hojeaba un buen rato. No entendía absolutamente nada pero encontraba muy divertidas las palabras. Tengo la idea como que sentía cierto placer en la articulación sonora de las palabras y no tanto en lo que decían o significaban, porque de hecho no podía entender esto. Después mi mamá me empezó a regalar libros de Silvia Schujer o Elsa Borneman.

-¿Y con la música?
-Por el lado de la música, mi viejo tenía un programa de jazz en la radio al cual yo lo acompañaba de vez en cuando, también a la siesta le agarraba los casettes y me pasaba más o menos lo mismo. No entendía nada de lo que escuchaba, me resultaba muy raro. Me quedó grabado la extrañeza que me surgía ante “Take five” de Paul Desmond o Dizzy Gillespie, que mi papá escuchaba mucho. Todo lo iba procesando sin demasiada reflexión.

-¿Cómo siguió tu formación?
-Si puedo destacar los dos puntos de arranque de mi formación literaria y musical, ya en mi adolescencia, fueron Carlos Rossi, mi primer profesor de guitarra y, alguien muy importante para mí, el poeta Alejandro Bekes.
A Alejandro, tuve la suerte de tenerlo como profesor de literatura. Él me transmitió el impulso y el amor a la escritura y un compromiso con la literatura constante, total y sincero. Creo que el abrió el juego para que pudiera sentarme a escribir y, de hecho, en la adolescencia empecé a hacerlo durante sus horas de clase y ahí también fui conociendo y leyendo mucho.
Después podría decir que el recorrido fue más autodidacta, si bien me encontré con gente que me enseñó cosas, en el momento en que uno comienza a escribir habitualmente las decisiones o la reflexión sobre su estética ya son solitarias.
Hoy sigo juntándome con gente para aprender o haciendo talleres porque considero que compartir y poder dialogar sobre los métodos que elijo, me impulsa y vitaliza, aceita los mecanismos que se ponen en marcha cuando estoy frente al papel y me compromete a trabajar.

-¿Cómo llegaste a publicar con Editorial Espiral Calipso?
-Porque conocía a las editoras, que son dos: Maia Morosano y Rocío Muñoz, con quien tuve un primer contacto. Entonces, conocí a Rocío y comencé a participar de unos talleres que ella da. A todo esto yo había hecho algunas publicaciones en antologías y Rocío pudo leer algo de lo que venía escribiendo y comenzó a arengarme para realizar una publicación. En principio me resistí bastante porque consideraba que a mi proyecto de libro, en ese entonces, le faltaba tiempo. Ella me incitó a trabajarlo y después de unos cuantos meses salió. Entre el taller y los ciclos de lecturas de Calipso, “Mística del sonido” tuvo un amoroso cobijo que me ayudó mucho a editarlo.

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-La mística de la que se habla en tu libro hace pensar, a la vez, en la contemplación y la espiritualidad de aquello que el poeta percibe. Las cosas son miradas poéticamente, o hay una poética de la mirada. ¿Por qué la elección del título?
-Hay experiencias que a uno lo alteran, lo transforman de forma tal que a partir de éstas ya no es el mismo. Para mí eso ocurrió con la música y, especialmente, con la música afro americana: el jazz y el candombe. Estos dos géneros me han fascinado y parte de mi escritura ha estado influida por decir los estados que la ejecución de estas músicas provocan.
En el momento de la ejecución se vivencia el sonido intensamente chocando en el cuerpo, repitiéndose, transformándose. A uno lo envuelve y lo deja con una sensación de arrojo que resulta muy extrema. Esa sensación no se puede decir sin errar, es una experiencia singular, intransmisible. Por eso tomé la idea de mística, porque la experiencia poética me pareció similar a la mística. Cuando se empieza a balbucear palabras para arrojar sobre el papel, a veces sin tener muy en cuenta lo que significan o su origen o su por qué, éstas nacen como sonido articulándose y van tomando sentido en el poema mismo. Es como si repitiera ese gesto infantil de leer y divertirme con las palabras, no tanto por lo que significan sino por cómo se escuchan. Por supuesto, después hay un trabajo posterior sobre los bocetos, intenso, y de volver una y otra vez para intentar afinar la expresión, pero esta experiencia cardinal con la palabra la siento fundamental en mi escritura y similar a una mística.

-El canto de un poeta siempre se inscribe en una tradición. En tu caso, ¿creés que se puede hablar de una poesía entrerriana, o de una poesía de entrerrianos?
-Yo pensaría más en una poesía de entrerrianos, y no en una poesía entrerriana. Muchos poetas de nuestra provincia están atravesados por ciertos temas fundamentales: cómo no hablar de los ríos desde que, como dice Mastronardi, “un fresco abrazo de agua la nombra para siempre”. Lo interesante es que estos temas, o el tratamiento que los poetas le dan, está surcado por ideas sobre la existencia que exceden nuestro entorno local o una temática puramente regional. Por eso me inclino a hablar más de una poesía de entrerrianos y no a recalar en una idea, que me resultaría obtusa, de que los poetas de nuestra provincia estén supeditados a la mera descripción de aspectos localistas. Si es que eso se considera la “esencia” de una poesía entrerriana.

-¿Con cuáles de los poetas de tus pagos simpatizás más?

-A Alejandro Bekes es un poeta que siempre disfruté mucho leer. Juan L. Ortiz y (Carlos) Mastronardi son referencias insoslayables para mí, así como Arnaldo Calveyra. Luego leo mucho a Juan Meneguín y Daniel Durand.
En este momento también me parece invaluable el trabajo cultural que están haciendo los escritores del sitio web www.autoresdeconcordia.com.ar, de difusión y conexión en la provincia. Ahí, por ejemplo, pude conocer la poesía de Marita Balla que me ha gustado mucho. Otro poeta que me ha sorprendido últimamente y que estimo mucho es Manuel Podestá.
Lo que me interesa de estos poetas entrerrianos que leo, y que se engancha con la pregunta anterior, es que si bien estos poetas utilizan el entorno o el habla local como el lugar donde se enmarca o enuncia mayormente su poesía, la poesía se constituye como un punto de cruce de temas que trascienden una descripción “pintoresca” de nuestros pagos y atañen a la experiencia de la existencia.

-Hay formas y formas de “decir”. ¿Cuál creés que es la tuya?
-Bueno, en este momento no puedo contestar nada definitivo. Puedo decir cómo o qué intenté expresar en éste, mi primer libro, pero creo que mi “decir” está en constante movimiento. Quizás me veo muy ligado a la idea de enunciar el paisaje, pero no se puede entender éste, únicamente, desde la figura romántica de lo natural.
Macedonio (Fernández) decía que sólo tendido en el campo se pueden conocer los misterios del universo. Entonces, yo busco eso que podríamos llamar “efecto de paisaje”: expresar la vivencia de ese descubrimiento de lo misterioso pero no ya en el campo, el verde, el sol, sino en un contexto más urbano, ya que en este momento vivo en Rosario, con más cemento si se quiere; o encontrar algún intervalo en estas imágenes con las que convivo que me suscite algún interrogante, un espacio de sorpresa donde crear.

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Manuel Podestá es un joven escritor y acaba de publicar su primer libro de poemas. Fue a través de la editorial Eloísa Cartonera, que dirige el querible Washington Cucurto y que presenta habitualmente una colección de libros realizados con tapas de cartón reciclado pintados a mano.
Laurentino dialogó con Manuel sobre esta nueva publicación.
-¿Ya tenés el libro?
-Aun no tengo el libro. Me dijeron los de la editorial que me iban a mandar algunos, no sé cuántos, no creo que muchos. Así que veré cuándo puedo conseguir y cuántos ejemplares más podré tener en mis manos. ¡Espero que pronto y que sean muchos! Por lo pronto sé que tiene publicado una especie de poema largo llamado “Uruguayita”, que a su vez le da nombre al libro. En la editorial se encargan de hacer el trabajo de edición correspondiente así que no sé cómo quedó finalmente el libro.

-¿Por qué elegiste Eloísa?
-En la página de la cooperativa editorial Eloísa Cartonera (www.eloisacartonera.com.ar), en la sección donde está el catálogo, publicaron hace unos meses una invitación dirigida a personas con algún interés en publicar sus textos en la editorial. El anuncio indicaba que no todos los textos iban a ser publicados, pero sí leídos.

-¿Cómo te conectaste con ellos?
-Entonces, le mandé un mail a Washington Cucurto con poemas míos; los leyeron y me dijeron que querían armarme un librito. Y bueno, así fue todo. Rapidísimo y bello.

-¿Va a tener circulación en las librerías de acá?
-No creo que tenga circulación en librerías de aquí. Sí en Buenos Aires. Seguro, seguro en Aristóbulo del Valle 666, en el barrio de La Boca, donde funciona la cooperativa de trabajo, y quizás en algunas librerías de Buenos Aires donde habitualmente se venden los libros de Eloísa Cartonera, aunque eso depende del modo de distribución que tengan.

Algunos poemas de Manuel Podestá

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Años enanos

Literalmente,
los rayos, los relámpagos,
esas luces azul eléctrico del fondo
te pintan los pelos.

Y ahora que pienso, mientras te miro a contraluz,
en los temporales de agua y viento,
allá en los noventa,
corríamos descalzos
por el barrio,
con la única preocupación posible
en los años enanos:
¿cuándo volveré a ver a mamá?

 

El camino del río

Un poema escrito en las márgenes de un diario.
El pésimo tarareo de una melodía conocida.
Las vías y el tren de nuestras miradas
en una clase de la facultad.
La promesa de un viaje imposible.
Las lágrimas por un golpe bajo
en una peli.
El juego de cosquillas, nuestras risas.
Eso era el amor: el caminito del río,
el agua besando tus pies.
Lela

¿Te acordás pibe
cuando íbamos al pueblo
del Jota Laurentino Ortiz?
Hacé fuerza
y reviví los años de oro
de la abuela Lela.
Ella nos compraba de todo
y de todo un poco rezongaba.
Mil rabietas le venían a la cabeza
con los cuentos
de la rompe pelotas de su amiga Enriqueta.
Dora nos compraba de todo
y de todo un poco rezongaba.
La ira de Dorila se prendía fuego
con las apariciones noventosas
del diablo patilludo.
¿Dónde estás Lelita?
¿Dónde?
El violento acto de contar

Estoy en mi casa
mirando el partido entre Barcelona
y Real de Madrid. Tengo puesto
el shorcito trucho rojo sangre naik.
Afuera, acá en Paraná, hay una tormenta
que dan ganas de escribir tus obras completas
mientras dure el hecho natural.

Estruendos, cielo plateado,
olor a agua. Así son las ciudades acosadas
por el río, pienso, te contagian el violento
acto de contar.

 

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Por Lorena Cabello.

(Publicado en http://retratosdeentrerrianos.wordpress.com)

A los 70 años, es reconocido por sus colegas en toda la provincia y por el público en general como un periodista confiable y de impecable trayectoria. Conduce el programa La Calandria y el prestigioso micro radial Entrerrianías, emitidos por LT 14. Alarcón Muñiz también luce su oficio y jerarquía como presentador de espectáculos artísticos. En el campo editorial publicó el libro Entrerrianías y ha sido distinguido con el Cimarrón Entrerriano, otorgado por la subsecretaría de Cultura de Entre Ríos, a la trayectoria por su labor cultural.

Mario Alarcón Muñiz se afianzó en el periodismo desde chico y transformó su carrera en un camino de profunda dedicación. En sus extensa trayectoria hizo prácticamente de todo: se ocupó de la programación de varios medios de comunicación en la provincia, participó del grupo fundador de LT 38 de Gualeguay, dirigió los diarios Concordia y El Día (de Gualeguaychú); fue jefe de programación de Canal 9 de Paraná, trabajó en Radio Nacional Gualeguaychú y fue jefe de noticias de la agencia APF, entre otros.

En el año 2007 publicó el libro Entrerrianías, donde aparecen relatos, anécdotas y sucesos de la historia de nuestra provincia. El alcance y la trascendencia de sus creaciones radiales, como Espontánea (emitido por LT 38 Gualeguay) y La calandria (LT 14 Paraná) han marcado un verdadero hito en periodismo provincial y sobre todo un estilo de comunicar y llegar a los oyentes.

Sus años en Victoria y Gualeguay. Si bien nació en Victoria, en el seno de una familia numerosa, el temprano traslado a Gualeguay, donde su padre dirigió el diario El Debate, hizo de Mario Alarcón Muñiz un gualeyo de pura cepa. “Hice la primaria en la escuela Castelli y luego en la escuela Normal, tengo el recuerdo de pasar mucho tiempo con mis amigos, en la calle, jugando, sobre todo a la pelota, pero de trapo porque en esa época era un lujo tener una de cuero”, dice y recuerda que “en mi barrio teníamos dos canchitas, una estaba al lado de la iglesia y era de dimensiones muy similares a las oficiales; la otra estaba sobre la costa, tenía un espacio de una cuarta manzana”.

Alarcón Muñiz también recuerda otros entretenimientos más allá de la pelota: “Nos juntábamos para ir a pescar, hacíamos concursos, andábamos en canoa, hasta en pleno invierno con las heladas íbamos a sacar mojarras con la mano porque se congelaban y flotaban. De todos modos, la regla familiar era que todos teníamos que estar en casa a las ocho de la noche. A esa hora, la lectura era una ocupación, una alegría, un encuentro. “Teníamos una biblioteca que había armado mi padre, leía bastante, muchos libros que fueron importantes en mis años de estudiante los había encontrado ahí. De todos modos yo no era ningún extraño, leer era algo que mi grupo de amigos también hacía”.
El periodismo, influencias. El acercamiento a la literatura y los primeros contactos con los medios gráficos los fue encontrando a partir de la escuela y de su padre.

“De cuarto a sexto grado (que era el último año en esa época) tuve una maestra que se llamaba Consuelo Cáceres Lazo que influyó mucho en la elección de mi profesión, nos traía notas que se publicaban en La Prensa y La Nación, hacíamos debates y teníamos que fundamentar porqué acordábamos o no con determinada información”.

Por otra parte desde muy chico frecuentaba el diario que dirigía su padre. En principio le llamaba la atención la parte técnica. “Así aprendí tipografía, la linotipos era lo que más me llamaba la atención, era un gran misterio ver cómo esas máquinas largaban las líneas de plomo. Tenía un amigo linotipista, mucho mayor que yo, que me enseñaba los domingos a la tarde, estaba fascinado, hasta que mi padre decidió llevarme a la redacción, me dio una máquina de escribir, una radio y me pidió que escuchara los resultados de los partidos de los equipos de Buenos Aires y armara un artículo. Al día siguiente me gustó verlo publicado y ese fue mi primera experiencia como periodista”.

A su vez las ganas de probar el oficio hicieron que a los 14 años, junto a cuatro compañeros, armara un periódico estudiantil. “Hicimos La Voz Juvenil por iniciativa propia y exponíamos nuestras ideas y pensamientos”.

Cursando la escuela secundaria también se encontró con un docente que intervino activamente en su formación y la elección de su carrera: “Julio Pedrazolli, profesor de letras, sus clases continuaban en la plaza y cuatro o cinco estudiantes participábamos de una especie de taller de literatura.”

Periodismo en Buenos Aires. Si bien en el secundario la poesía y la historia lo tenían atrapado, cuando empezó a estudiar periodismo aparecieron otras lecturas. “Estudié en el Instituto Grafotécnico, Escuela Superior de Periodismo en Buenos Aires y ahí había otra circulación de literatura, nos pasábamos autores, libros, descubrí a Eduardo Mallea, a quien luego entrevisté cuando se desempeñaba como director de la página literaria del diario La Nación. En la facultad teníamos un periódico que se llamaba Gaceta, salía los sábados y ese día íbamos a trabajar para la semana siguiente. Teníamos que aprender diagramación y no era sistema offset sino composición mecánica en caliente, esto implicaba que había que preparar la página dibujada, titular, además de hacer la nota. Si bien la circulación de ese diario era entre los estudiantes y nuestros allegados, nos alcanzaba para ir aprendiendo el oficio. También hice mi práctica en radio Rivadavia durante 6 meses, hacía un programa que se llamaba La hora de los libros.

La mística de la radio, la fuerza de la palabra escrita. Entre los medios de comunicación Alarcón Muñiz elige y prefiere la radio. “Hay una respuesta inmediata de los oyentes y una mística que te permite estar en lugares que ni te imaginás”. Asimismo destaca su interés por “la gráfica” porque “lo que se escribe trasciende en el tiempo, como también te permite hacer un trabajo de reflexión constante”.

Cuando volvió de Gualeguay le ofrecieron ser director del diario El Debate, dado que Luis Mc Kay que ocupaba el puesto y además era el dueño de ese medio, había asumido como ministro de Gobierno de Frondizi. “Por esos años se vivía un clima intensamente político y todos los dirigentes eran entrevistados en el diario, conocí a Frondizi, a Allende y a otros tantos que pasaron por Gualeguay, fue una gran responsabilidad”.

Si bien trabajó en televisión, Alarcón Muñiz afirma que “no volvería a hacerlo porque demanda del periodista además de su técnica específica, la venta de publicidad, conducción, producción, el armado de la escenografía. Confío en que el proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual modifique este tipo de manejos para revalorizar la profesión”

Presentador de espectáculos, eventos, festivales. El año próximo cumplirá 40 años como presentador de espectáculos culturales, oficio con el que ha recorrido toda la provincia. “Me inicié casi sin buscarlo, participando de la comisión del festival Cantando en el río de Gualeguay. Una vez faltó un locutor y me lo ofrecieron, pensé que no iba a poder hacerlo, pero me fue muy bien, al punto que me siguieron contratando para estar en peñas de Gualeguaychú y Galarza. Y me di cuenta que iba a seguir trabajando en esto cuando me llamaron para conducir el festival de Diamante. Me fui perfeccionando con el tiempo y hoy por hoy continuo recorriendo festivales”

Actualmente reparte su tiempo entre el periodismo, la conducción de espectáculos y la familia, se desempeña como profesor en Oratoria en un instituto privado de formación de locutores y además prepara la segunda parte de su libro Entrerrianías, que incluiría contenidos sobre ferrocarriles, inmigración y educación. Además planea editar entrevistas que ha ido haciendo a lo largo de su carrera con Juan L. Ortiz, Linares Cardozo y tantos otros referentes culturales.

 

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Facundo Vazquez nació en Córdoba en el año 1971, pero a los 6 años se fue a vivir a Paraná. Empezó como bajista en los grupos Mentecatos, La Naranja y Cantares (estos dos últimos de Santa Fe). Se interesó también por la composición y empezó a animarse con sus propias canciones -buscando su identidad musical a partir de referentes como Luis Alberto Spinetta, Silvio Rodríguez, Cuchi Leguizamón. Entre 1999 y 2001 integró un trío junto a Judith De León y Jorgelina Barbiero -actual vocalista del Negro Aguirre-, con quienes se presentó como telonero de Litto Nebbia en el Teatro 3 de Febrero de Paraná. Estudió guitarra con los maestros Walter Heinze y Eduardo Isaac, y con Néstor Ausqui en Santa Fe. En el 2002 se radicó en Barcelona, donde tuvo una experiencia como músico callejero. En Francia -entre el 2004 y 2006-, se presentó junto a Matías Marcipar -ex Escaramujo- en diversos festivales y pequeños teatros, trabajando también en conciertos didácticos y grabando los discos “Cauce y danza” y “La canción de los abrazos”, ambos de manera independiente.

Desde octubre de 2008 integra como bajista el grupo rosarino de folklore de proyección El Fuego de la Semilla. Vázquez es el ganador de la segunda convocatoria ‘08 de la Editorial de la Municipalidad de Rosario del Concurso de Coproducciones Discográficas, logrando así editar su disco “Buscadores del alba” que presentará el sábado en La Hendija con músicos invitados.

-¿Los temas de tu disco son todos propios?
-Sí, los temas son todos propios, concebidos música y letra casi al mismo tiempo, aunque muchas veces, a partir de una idea poético-musical, el que decide es el tiempo de inspiración…tiempo que necesita una melodía para crecer y ser parte de una letra y viceversa. Una canción puede empezar a existir a partir de una frase, un acorde, una sensación que después fluye hacia lugares que muchas veces, la mayoría, no controlás, sino que te vas dejando llevar con ella hasta que la canción se dice sola. A partir de ahí empieza el trabajo sobre la interpretación y la expresión, el “cómo decirla”, la intencionalidad, lo que querés transmitir…

-¿Sos un cantautor o también hacés temas de otros?
-Generalmente hago cosas propias, pero no porque no quiera hacer cosas de otros, sino que tener un repertorio propio requiere de un gran compromiso y disciplina. Tener los temas “en dedo”, poder encontrar la tonalidad adecuada para cantarlos, la textura y cosas así…entonces -otra vez el tiempo- muchas veces no te queda el tiempo y energía para cargar un repertorio extra. Pero sería fundamental llevar en el bolsillo algunos temas de Caetano Veloso, un par de Spinettas, unas canciones del cancionero folklórico, Beatles, algún tango. ¿Ves? La lista se hace interminable! por eso, mejor, seguimos con lo propio nomás, con la esperanza de alguna vez disponer del tiempo y lugar necesarios para tantas otras y tan hermosas melodías.

-¿La temática de tus canciones tienen que ver con lo social o también hay algunas referidas a temas personales?
-Tiene que ver con las dos cosas. Así como pasa con las melodías, la temática muchas veces no se elige sino que simplemente “te encuentra”, te elige para que le des una forma, un nombre y lo codifiques para poder transmitirla. Quiero decir, hay una canción que está en el CD que se llama Madamombé. Es el nombre de una escultora de Zimbabwe. Yo no tenía idea que existía. Paseaba por Sitges, un pueblito cerca de Barcelona, y entré a una exposición de trabajos de esta mujer. Eran piedras trabajadas por ella que representaban a campesinos y familias de su lugar. Entre las esculturas, había una foto suya -ella no estaba presente en la exposición- en la que tenía una sonrisa así, como mágica. Su vestido tenía muchos colores y caminaba sobre un camino de tierra o arena, en el medio de árboles o arbustos. En textos que se podían leer impresos en otras imágenes, se podía leer que ser mujer-escultora era toda una lucha en Zimbabwe, ya que se suponía que una mujer estaba para engendrar hijos y cuidar del hogar. No sé, me pareció que en todo eso que vi, que había una canción. Y entonces. no lográs cierta paz hasta que no le das su lugar en tu vida.

-Integrás El fuego de la semilla: ¿es otro onda musical, más folclórica?
-Sí, el Fuego de la Semilla es una búsqueda más folklórica, digamos, pero sin limitar lo folklórico a chacareras, zambas, huaynos, etc. También intentamos trabajar sobre composiciones del folklore latinoamericano. Y también poder incorporar una canción como Adela en el Carroussel, de Charly García. Podríamos pensarla como del floklore urbano, ¿no? A esta altura muchas canciones que hablan de muchas de nuestras cosas, vienen de otros géneros musicales y es interesante asumirlo y prestarles atención. De todas maneras, últimamente estamos haciendo también canciones nuestras, sabiendo que así el camino se hace más largo y es más arriesgado, ¡pero vale la pena ese riesgo! Siempre y cuando tengas algo que decir-escribir, claro.

-Contame del disco, ¿cómo surgió ese proyecto de parte de la Municipalidad de Rosario?
-El disco fue editado por la Editorial Municipal de Rosario, que dos veces por año convoca a un concurso de coproducción discográfica, en el que tenés que llevar la grabación del CD ya terminada. A partir de un jurado que cambia en cada concurso, y entre todos los que presenten sus trabajos, ellos seleccionan dos por llamado, para editarlos. Así van completando un catálogo de discos de músicos locales bastante amplio. Creo que esta iniciativa lleva más de diez años y es muy importante para un montón de gente que de otra manera, nunca podría editar su disco.
-¿Qué podés adelantar del recital de La Hendija?
-Si bien ya he tocado algunas canciones de este disco en Paraná, ahora la diferencia es que está el disco con cajita de plástico y papel de celofán, como corresponde! La cita para el recital es a las 21.30, las entradas cotarán 12 pesos. Como músicos invitados estarán varios integrantes del Fuego de la Semilla (Noelia García en coros, Pablo Elizondo en guitarra y Marko Koffman en guitarra y charango). También participará como invitado mi amigo local, Horacio Lapuncina. Magdalena Buscema ilustrará, mientras tanto, con grabados y dibujos, algunas canciones del disco en la galería.

 

 

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(Foto: Sergio Ruiz)

Luis Zapata vive entre cuerdas. Guitarras, violines, ukeleles, charangos, arpas descansan en las paredes de su estudio, sobre los muebles, desparramados en cada rincón. Aprendió una técnica para fabricar instrumentos usando cartón.
Es luthier, artesano de la música. Vive en una casa en la que los instrumentos más extraños conviven con guitarras criollas. Luis Zapata se interesó desde siempre por el arte, por las costumbres autóctonas y el folclore.
Fabricar instrumentos es su pasión y ha dedicado gran parte de su vida y su tiempo a ello.
“Eso es un udú, un instrumento de percusión que se usa en la India”, muestra a Laurentino. Es como una vasija redonda, grande, a la que golpea suavemente produciendo un sonido seco y monocorde. Está hecho con pasta de aserrín, cola y tiza.
“Queda como si fuera de madera. Esto se puede martillar sin problemas”, asegura sin dejar de producir sonidos.
Luego, toma con mucho cuidado una especie de violín, con dos cuerdas, y le arranca sonidos suaves.
“Es un rabel, un instrumento medieval”, explica. Él mismo lo fabricó, con la técnica del cartón, pero al verlo así uno piensa en una fina y suave madera.
“Es el antecesor del violín. Lo usó San Fransico Solano para evangelizar a los indios del chaco salteño”, relata.

En la web

Don Luis navega por Internet para encontrar los modelos de sus instrumentos. Investiga delante de la pantalla y así va conociendo los elementos musicales de otras culturas, de lejanos países, que producen extraños sonidos.
“Antes era muy difícil. Había que pedir los planos por correo y si uno tenía la suerte de que le contesten, tal vez se demoraba seis meses en llegar”, recuerda.
Zapata estudió música en Santa Fe, donde se recibió de profesor, pero no se dedicó de lleno a la docencia sino más bien a la investigación y a la producción de instrumentos.
También, en su polifacética vida, tuvo un pasado de ventrílocuo y en una de las paredes descansa colgado el muñeco que lo acompañaba, fabricado en pasta.
“Hacía un personaje de los años 20 y 30 y él contaba historias del Paraná de antaño”, agrega.

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“Empecé reparando los instrumentos de los amigos. Cuando se les rompía la guitarra o el violín yo les decía que me los trajeran a casa. Ese fui mi aprendizaje. Después empecé a comprar libros. También me hice amigo de Splendore, un hombre que fabricaba violines acá en Paraná. Después me dediqué de lleno a la reparación y construcción”, indica a continuación.
Los hace por pedidos y también los fabrica para amigos y familiares.
“En Paraná es un poco difícil vender los instrumentos, pero algo se vende, por encargo. Lo bueno es que uno se llena de amigos y es una buena forma de relacionarse”, comenta luego.
“La guitarra es la que más satisfacciones me ha dado”, confiesa exhibiendo una que él mismo construyó con cartón.
“Si la mira bien se va a dar cuenta que es de ese cartón que venden en las librerías. Parece madera”, resalta orgulloso.
La caja se construye con cartón, y el puente y el clavijero con madera
“Es un instrumento que tiene un sonido como de un laúd”, describe y ahí no más desgrana unas notas de un aire pampeano, estirando las cuerdas

Maestro

A la técnica la aprendió de Esteban Pérez Esquivel, el hijo del Permio Nobel de la Paz, quien vino a la ciudad a dictar un curso para luthiers, en la Asociación La Bajada, al que asistieron diez alumnos. Zapata y Violeta Rodríguez, otra luthier, participaron como colaboradores y también, de paso, aprendieron la novedosa técnica que Pérez Esquivel había traído desde Europa.
Así, una guitarra se construye en cinco días, sin moldes, para lograr un abaratamiento del costo del instrumento.
“El plan es llevarlo a la docencia para que no se pierda este oficio. Pero no prosperó”, lamentó.

 

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Laurentino dialogó con Rodrigo Tomasso para conocer algunos detalles de su trabajo en El secreto de sus ojos, la película de Juan José Campanella en la que se ocupó de llenar un estadio de fútbol con miles de hinchas, gracias a efectos de animación.

-¿Se toma la imagen de una persona y se la va duplicando?
-La tecnología empleada se denomina MASSIVE SOFTWARE que fue desarrollado para “El Señor de los Anillos”. Es un software de inteligencia artificial que tiene librerías de personas y movimientos. Cada agente o persona reacciona según disparadores de su entorno y entre ellos mismos. Fuimos los primeros en Argentina en utilizarlo en producción y somos los únicos con licencia legal para tal fin. No hay duplicado como en típicos planos trucados para comerciales con cámara fija. Todo es creado desde lo que permite la tecnología 3D. Tenemos librerías con personajes de diferentes tipos a los cuales se los puede readaptar. En este caso se tuvo que remodelar el vestuario para hacerlo más de época (pantalones acampanados, pelos abultados onda Bee Gees). Además tiene la posibilidad de asignar variables que afectan directamente en las proporciones de cada agente = personaje digital. Lo mismo para las texturas, una vez trabajadas y aplicadas a cada personaje existen variables que afectan los tonos de color y valor en cada vestimenta así como en la piel.

-Una vez puestas las personas en escena, ¿cómo actúan?
-Una vez creado los personajes, se le asignan movimientos que se manejan desde un cerebro interno en el programa que le dice a cada uno cuando se ejecuta un evento o acción en particular. Testeados los movimientos se comienza a ubicar a los personajes en las tribunas y listo. El resto es todo proceso de procesos y cálculos de simulación y render (crear cada uno de los fotogramas para luego componer sobre el estadio vacío). Obviamente muchas de las texturas aplicadas a nuestros personajes de librería provienen del mundo real caso de los jugadores, árbitros, cuerpo técnico en general. De esa forma se llenó el estadio de Huracán. Optimizando cada segmento de cada tribuna para poder hacer un mejor uso de los procesadores de cada estación de trabajo y de su memoria.

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-¿Cuánto tiempo te llevó ese trabajo?
-El trabajo fue reclutando gente en la medida que empezábamos a tener material. Muchos empezaron en noviembre del 2008 y terminaron a mediados de julio del 2009. Yo en cambio, como supervisor vfx y diseñador de todos los efectos de la película comencé en julio del 2008 con el desglose del guion y a trabajar fuertemente recién en septiembre de ese mismo ano. Podría decirte que estuve trabajando entre 10 a 11 meses.

-¿Cuánto tiempo dura en la película esa escena?
-La escena dura 5 minutos y medio. Casi tres minutos y pelines, dura todo el trabajo más fuerte de multitudes digitales jamás hecho en la historia del cine nacional y menos aun bajo la modalidad plano secuencia en donde nuestro trabajo empieza a tener un pequeño pero importante espacio en el mapa internacional de los vfx (efectos visuales).

-¿Trabajaste solo o en equipo?
-Trabajamos en equipo. Como en toda producción. Prácticamente pasaron casi unas 12 personas en el staff interno quedando hacia el final unas 8 personas. Pero entre freelancers, editores y estudios con quienes terciarizamos el trabajo chico o artesanal como el rotoscopiado (recortar cuadro a cuadro a los 200 extras que rodean a los actores) podría decirse que llegamos a las 20 o 25 personas.

-¿Estás conforme con el resultado?
-Desde el punto de vista del producto, estoy conforme. Pero una persona obsesiva como yo, nunca llega a estarlo del todo. Uno quiere que sus colegas cuando vean cuadro a cuadro el trabajo que hiciste no le encuentren ningún error. En realidad es una utopía pretender eso y es algo que debo modificar seriamente. Sin dudas la buena aceptación de lo que hicimos me deja muy conforme y mas proviniendo de colegas a quienes respeto mucho.

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-¿Considerás que es tu mejor trabajo en cine?
-Sin dudas que sí. La apuesta realizada fue muy grande. Sacando cuestiones presupuestarias, sin la visión de Campanella por querer apostar a lograr un impacto como este, nada de esto podría haberse logrado. Y sin mi cabeza como diseñador de la toma que el director pretendía, tampoco. Se habla de que es un virtuosismo técnico, de que la película no necesita de ese plano, pero si te fijas en los comentarios a la gente le dejo un gustito de Vamos Argentina CARAJO!!! Creo que esa fue la búsqueda de hacer algo como esto, un poco del show al cual el cine norteamericano nos tiene acostumbrados.

-¿Además de cine de ficción trabajás en otra cosa, como comerciales, juegos, páginas web?
-Trabajo en todo lo que sea audiovisual. Evito la web y la multimedia (hace mucho hice algunas cosas pero la descarté por completo porque nunca me llevé bien). En definitiva trabajé en comerciales, documentales, series de televisión, miniseries, tele movies, largometrajes animados, largometrajes y cortometrajes cinematográficos, ciclos televisivos, etc. Solo me falta hacer alguna cinemática para video juegos pero no particularmente trabajar para crear un videojuego aunque sea certificado por MESMER 3D ANIMATION LABS como Maya Game 3D Artist (homologado por Alias que actualmente es Autodesk).

-¿Cómo ves el desarrollo de los efectos especiales en la Argentina?
-Lo veo con muchas oportunidades. El cine creció, la tecnología digital abarato procesos que antes eran muy costosos. Mi viejo siempre se acuerda de que una vez le dije: “Yo no me vuelvo a Estados Unidos porque acá hay mucho por hacer”. Y justamente hace 8 anos que estoy en Capital y he llegado a un punto donde no todos tienen la suerte de llegar. Creo que mi trabajo da que hablar y espero poder seguir sorprendiendo porque lo que hago lo hago con pasión. Solo tienen que saber llevarme para tenerme contento como a todo artista con sus mañas.

-¿Cuesta mucho dinero hacer ese tipo de efectos?
-El cine con efectos se lo interpreta como caro, pero eso es parte de la ignorancia de algunos productores (mal acostumbrados por las locuras de los presupuestos de publicidad). Así y todo si se jerarquizaría la figura del supervisor de efectos visuales se darían cuenta de que ese rol les resolvería no solo temas técnicos y artísticos sino también económicos y hablando en un muy buen balance de los tres puntos mencionados.

-¿Qué proyectos tenés para el futuro?
-Mi nuevo proyecto de aquí en más apunta a buscar una conglomeración en los vínculos entre estudios para poder formalizar más a un nivel de factoría que permita poder acaparar mercados extranjeros. Esto es algo que todos dicen querer hacer pero son pocos los que realmente lo han demostrado. De hecho nosotros hemos sido proveedores de un estudio de efectos visuales de Los Ángeles para producirles secuencias completas de efectos para películas de Disney aprobando el cliente, desde la primera entrega, las propuestas estéticas que les hemos hechos. Eso da muy bien que hablar de nosotros. Todo muta, internet abre nuevas ideas y las modalidades de negocios también están mutando. Hay que ser inteligentes y saber hacer las cosas en el momento exacto.

documental
En la tercera edición del Festival Nacional de Cortometrajes, “Mirada en Cortos”, que se realizó en Nogoyá, el documental Hijos del río, de Emiliano Grieco, obtuvo el premio Mirada de Oro 2009, de acuerdo a la decisión del jurado compuesto por Hayrabet Alacahan, Gustavo Fontán y Javier Arroyo. Además, fue elegido como el Mejor Documental
“Hijos del río es un documental que hicimos en el 98 con Cachi Verón. Fuimos en lancha hasta enfrente de Villa Urquiza y estuvimos con un pescador, don Jerónimo, que hace 50 años que vive ahí. Empecé a hacer un trabajo de investigación y luego seguimos yendo con un compañero que es de Misiones, Juan Barney, que también ha presentado una película que se llama Felices Fiestas”, contó a Laurentino Emiliano Grieco.
Una vez realizado este documental que cuenta la vida de un pescador en la costa, el filme comenzó a presentarse en distintos puntos del país y a cosechar premios y distinciones. Así, ganó un festival de cine científico en Buenos Aires, además de menciones en otros concursos.
“En el documental se muestra cómo va cambiando la vida de un pescador y su entorno, que se modificando por el cambio climático, la construcción de represas, las crecientes del río o, también, por la cantidad de gente que se acerca en lancha hasta la costa. Así, va cambiando todo”, precisa Grieco.
-¿Cómo está estructurada la película?
-Es bastante experimental, hay mucho trabajo de voz en off. Se da el tiempo necesario para que el espectador pueda hacer una contemplación y disfrutar de la poesía del lugar, de los amaneceres, del atardecer en el río. La voz en off está usada como si fuese el alma del personaje, que va hablando y contando lo que pasa.
-¿Qué cosas cuenta el protagonista?
-Cuenta cosas muy importantes. Por ejemplo, recuerda cuando tuve que trasladar el cuerpo muerto de su padre en una canoa. Es una entrevista, y él le habla más que nada al espectador.
-¿Cuál fue tu formación profesional?
-Empecé estudiando Comunicación Social, en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Hice toda la parte de comunicación e imagen. Estudié cine documental, y ahora estoy trabajando como camarógrafo y director. Además, estoy estudiando una tecnicatura en artes visuales y trabajando en documentales y películas de ficción.
-¿Te gusta más el documental o la ficción?
-Me gusta la ficción, pero que se un poco más realista. Me interesa poder mezclar el documental con la ficción y trabajar con no-actores. Mi idea es hacer una película de ficción con no-actores.
-¿A los guiones los escribís vos?
-Sí, yo los escribo y también dirijo. Trabajo con un grupo de gente los cuales, la mayoría, son gente de las provincias que viven en Buenos Aires. Estamos encarando distintos proyectos, uno de ellos para Entre Ríos, y estoy buscando financiamiento.

 

Producción: Cachi Beron, Matias Francia, Emiliano Grieco (todos de paraná)
Dirección Emiliano Grieco
Sonido: Sebastian Faccio. (Bs As)
Fotografia: Juan Barney (Misiones), Emiliano Grieco

 

El sábado 7 de noviembre, en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, de Buenos Aires, se presentará el libro “La música y la palabra, diálogos con Carlos Aguirre”, de Horacio Lapunzina (*).
Es un texto que condesa horas y días de charlas entre el autor con uno de los principales músicos de Entre Ríos y de la Argentina.
Carlos Negro Aguirre es pianista, compositor y arreglador nacido en Seguí. Ha integrado diferentes agrupaciones con diversas tendencias musicales, siempre dedicado a la música popular argentina y de Latinoamérica.
También, ha trabajado como arreglador de producciones de cantantes argentinos, peruanos y chilenos. Ha sido nominado al Premio Revelación en Folclore Clarín 2003 y recibió el Premio Konex Diploma al Mérito a las 100 personalidades destacadas de la última década de la Música Popular (1995-2004).
Laurentino dialogó con Horacio Lapunzina, para conocer más de este libro.
-¿Qué lugar ocupa Carlos Aguirre en el escenario de la música nacional?
-Para mí, y para algunos importantes creadores como Falú, Fandermole o Juan Quintero, ocupa una primerísima plana, desde el valor estético de lo que hace. Es uno de los referentes principales de la música de raíz americana. Hace poco, a raíz de un artículo que escribí en el diario Uno sobre la muerte de Mercedes Sosa, me escribió Cecilia Todd y ella decía que lo quiere llevar a Venezuela. Es un tipo muy respetado y querido. Se lo ha ganado por su música y por nada que esté por fuera de su estética. Así lo dice Liliana Herrero, Silivia Iriondo, Lucho González.

-¿Se destaca más como compositor o como intérprete?
-El Negro es un raro caso porque es un músico muy completo. En lo primero que se destacó es como arreglador. El tipo de tímbrica que usa, de texturas, el contrapunto que usa se podría decir que son elementos extraños al folclore. Eso como arreglador. Después está su piano, que es muy refinado y tiene muchos elementos tomados de otras músicas, pero que anclaron en el folclore atado a las raíces. Continúa la escuela de grandes pianistas pero le da una vuelta de tuerca. Toca muchos estilos, desde salsa hasta jazz o música brasileña. Luego, o paralelamente, un compositor que terminó siendo cancionista, aunque no quedó anclado en ese lugar. Está ligado a los mapas folclóricos pero siempre con una vuelta de tuerca que se sale de los moldes.

 

 

-¿Cómo surgió la idea de hacer este libro?
-Fueron seis meses de charlas, de realización. En realidad, al Negro lo conozco desde 1986 y las charlas con él vienen desde esa época.

-¿Cuáles fueron las respuestas del público en los lugares donde lo presentaste?
-En todos lados la respuesta ha sido muy interesante, porque hay diferentes miradas sobre el Negro. El Negro es bastante polifacético, en realidad empezó siendo un músico más ligado al jazz y a la música de origen latino y viró a un cancionista folclórico. Por eso mucha gente lo conoce con todo ese arco de recorrido. Por lo tanto se mezcla mucha gente. Lo conocen poetas, porque ha incursionado en la canción como letrista. Todas las reacciones son muy lindas. Hay mucha gente que conoce sus canciones y las tararea cuando las cantamos, cuentan anécdotas. En todos los lugares que presenté el libro siempre invité a un músico local. En Santa Fe por ejemplo, fue Juan Pablo Bambrilla, que es de Crespo. En Posadas, con Horacio Castillo y con un periodista.

-¿Acostumbra a estar en las presentaciones?
-A él no le gusta mucho estar en las presentaciones, más allá que esto no tiene nada de apologético. Aceptó hacer el libro porque hablamos del arte y el folclore en general, y también de lo generacional. Hay un abordaje de cómo es nuestro vínculo con la identidad a partir de lo generacional. Le interesó más eso que poner su persona.

-Así que más que un libro sobre Aguirre, sería un libro donde habla Aguirre…
-Son entrevistas donde pautamos una serie de temas que queríamos tratar concretamente. Más allá que en la charla se dispararon otras cosas. Se habló qué significa producir desde el interior, fuera de la Capital, las vinculaciones de él con la música de Chile, Perú, Brasil. No sólo con la música sino con las formas de producción, porque tiene que ver mucho con su concepción ética y estética de la música, en donde él encuentra como complicidad de trabajo con otras de producción que en otros lugares se hacen como él las hace en Shagrada Medra (el sello discográfico de Aguirre): en forma independiente, con catálogo que elige muy cuidadosamente. Sigue siendo así. Es una militancia, una postura si se quiere política, pero también es un fluir natural de su forma de vivir.
(*) Horacio Lapunzina nació en Misiones pero se crió en Misiones, donde vivió hasta su adolescencia. Estudió Armonía y Contrapunto en la Universidad Nacional del Litoral y en 1990 se trasladó a Paraná, donde reside actualmente.
Es músico, compositor y periodista.

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Ariel Delgado es un joven poeta. Escribe desde que era adolescente y ya ha publicado un libro, La pequeña verruga, y tiene mucho más material guardado. Con él dialogamos para conocer un poco más sobre este autor.

 

-¿En qué momento escribís? ¿Lo hacés todos los días o cuando te vienen ganas?
-El momento de escribir es algo que sale por haber incubado varios textos en mi cabeza. Después me siento frente a la máquina de escribir y le doy el cuerpo para que salga más prolijo. En verdad no creo en un momento, es algo instantáneo en donde siempre pienso en que puedo escribir. En mi caso siempre estoy escribiendo en mi cabeza, después tardos los días o semanas para buscarle un cuerpo en forma de texto, ya sea prosa o poesía. Pero el mejor momento para escribir es cuando estoy solo y pienso que todos se murieron.

-¿Cuáles son tus referentes (locales, nacionales, internacionales)?
-Mis referentes son muchos. Pero creo que sigo una línea recta que va de la poesía objetivista hasta un barroco semi pornográfico y termina en textos donde se describe qué es lo que hago y lo que veo y pienso sobre la metafísica del tiempo y la vida. Pero creo que sigo textos de Eliot, William Carlos Williams, Carver, Gianuzzi, Durand, Casas y toda la poesía moderna de los noventa. Más la influencia de Fernando Pessoa, Borges, más el poema La Gran Salina de Ricardo Zelarrayán y el poema Desde Concordia a Basavilbaso de Bernardo Uchitel. Creo que tengo muchos referentes. No tengo un molde.

-Publicar ¿te resulta muy difícil? (contame tu experiencia al respecto, cuándo publicaste, cómo hiciste)
-No pienso tanto en publicar, pero me publicaron un libro de poesía que se llama La pequeña verruga, en Colección Chapita por los Poetas Daniel Durand y Matías Heer que hacen libros artesanales. Lo editaron el 21 de marzo de este año en Bs As, con Julián (Bejarano) que también publicó (La Prefabricada) fuimos a la presentación de nuestros libros, y leímos los poemas, después terminamos en una fiesta a pocas cuadras de la presentación, creo que esa es mi experiencia. Daniel Durand y Matías Heer ya me conocían, me pidieron textos, eligieron diez poemas y lo armaron. La editorial sólo publica a poetas jóvenes, ser joven para la editorial es no sobrepasar los 25 y yo tengo 23 así que me publicaron. Es muy bueno publicar si tenes textos que se amontonan y no sabés cómo armar algo o cuando has dedicado muchos meses en algo que sabes que te jodió bastante todos los días. Publicar es bueno si después hay fiesta.

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-¿Cuándo empezaste a escribir poesía?
-Creo que empecé a escribir a los 15 años, después de haber leído libritos de anteojitos de Bécquer y Amado Nervo. Escuchaba canciones de rock y hacía una mezcla de poesía romántica con nervios rockeros, basura. No sé, recuerdo que leía poemas y después escribía algo o escuchaba música y escribía, fue prolongado hasta que entré a la facultad a estudiar “Profesorado de Lengua y Literatura”. El primer día conocí a Claudia Rosa que traía su poesía moderna y leyó poemas de Cucurto y otros de Fernando Pessoa y entonces todo lo que entendía de poesía se fue a la mierda. Me motivé mucho y quería leer toda “esa poesía”. Conocí a Julián Bejarano con quien tuvimos un fanatismo medio lunático por querer saber todo y empecé a seguir una línea poética que todavía sigo y no termino. Empecé a escribir poesía hace un rato.

-¿Tuviste gente que te alentó a hacerlo?
-No. Mi familia está ocupada y no soy una persona que cuente las cosas que le gustan. Pero el aliento que tendría sería el que tiene un kamikaze antes de suicidarse. Logrando su cometido.

-Entre Ríos tiene una tradición paisajista en las artes. A vos ¿que temas te interesan?
-Uh!!! ¿temas? Me gustan todos los temas en que yo veo un paisaje o algo bizarro que pueda usar ingeniosamente en un texto. Todos los temas me gustan. Pero me quedó con el paisaje del parque onda familiar llevado a una locura de barrio periférico cerca y lejos del centro mundo moderno y el Río como súper tema quemado que todos debemos pasar.

-¿Hay que sufrir para escribir un buen poema?
-No. Yo no sufro cuando escribo un poema. Supongo que sufren los que escriben un buen poema. Cuando escribo un texto me siento aliviado, contento, con seguridad de que hoy no fue un día al pedo. Sólo ¿sufro? cuando no me concentro y no escribo nada.

-¿Que onda te tiran los poetas “viejos”?
-Los poetas “viejos” me tiran onda media eléctrica con luces atómicas que viajan al circulo periférico de mi conocimiento. Yo no entiendo mucho sobre los tiempos que pasaron, vivo mucho el ahora y los poetas viejos solo me ayudan para mantenerme quieto y estar más tiempo conociendo y aprendiendo. Me tiran la onda de estar constante, pero no desesperado.

-¿Qué haces con los poemas que escribís (los guardas, se los das a leer a alguien, los tiras, los regalas, lo publicas en un blog)?
-Los poemas que escribo se amontonan en cajones o carpetas para luego releerlos y recontra leerlos, cambiarlos, modificarlos olvidarlos para luego volverlos a encontrar y reescribirlos. Se los muestro a algún amigo poeta, y así lo nutro y los corrijo y no sé. Pienso que los poemas se amontonas para luego un día salir y ser leídos por personas que piensan totalmente distinto a quien los escribió.

 

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