
Los padres que fueron criados con las historias de Julio Verne y María Elena Walsh no entienden cómo sus hijos pueden preferir una pantalla a un libro a la hora de divertirse. Muchos chicos hoy perciben los libros como material escolar y el rol de los padres es construir la idea de una lectura placentera.
Leerles en voz alta desde la niñez, ayudar a los hijos a encontrar libros adaptados a sus intereses y no presionarlos a leer lo que no les gusta.
Los padres pueden instituir la lectura como parte de la rutina de sus hijos desde que son pequeños.
Tener un momento dedicado a la lectura, por ejemplo antes de dormir, es un hábito que los chicos reproducen como lectores autónomos.
Cuando un padre regala libros a sus hijos, tiene que buscar material adecuado a los intereses y hobbies de los niños. Además, es necesario respetar sus preferencias, aunque no sean las mismas que las del padre.
Muchos padres tratan de imponer a los hijos las lecturas que les gustaron en la infancia sin darse cuenta de las diferencias de intereses.
Para desarrollar la autonomía del chico lector, es, además, importante dedicarles un lugar para sus libros, que tenga una biblioteca suya elaborada con sus gustos. El chico, al elegir un libro, se identificará siempre más con una edición adaptada a sus gustos, y los editores, conscientes de eso, publican nuevamente los clásicos.
Claves
Buscar libros vinculados con los intereses de los chicos. Llevarlos a la librería y dejarlos elegir solos lo que les gusta. Nunca obligarlos a leer o a terminar un libro si no quieren.
Tener un lugar para los libros. Crear en la casa un espacio para que el chico tenga su biblioteca propia, según sus gustos.
Pensar que los tiempos cambian. Los libros que gustaron a los padres no son necesariamente los les que van a gustar a sus hijos.
Compartir la lectura. Desde pequeños, leerles antes de dormir en voz alta.
Tener aliados. Más que los consejos de los padres, las sugerencias de gente de edad cercana a la de los chicos (como hermanos mayores o primos) pueden ser persuasivas.



Excelente artículo. Es muy bueno retomar el hábito de la lectura, tanto padres como hijos. Leer nos hará libres -dijo alguien que no recuerdo quién era per sin lugar a dudas sigue teniendo razón-
la lectura me acerco al mundo, fortificó mi imaginación, incrementó mis conocimientos, acaricia permanentemente mis pocos momentos libres, por lo que en casa, en la casa de mis hijos, ha habido y hay, libros y revistas por doquier, en la biblioteca, en el baño, en las mesas de luz, guardados y a la vista. No me acostumbro a leer en una pantalla, el placer está en tocar, oler un libro; si es nuevo, por nuevo y si es viejo, por viejo, pero no hay nada que pueda emular esa satisfacción, esa comunicación que se dá entre autor y lector y luego con el mundo entero, con la vida. Mi esperanza está puesta en mis nietos, (vana esperanza?) porque ninguno de mis 4 hijos salio lector, ahora Jorge de año y medio ‘lee’ asique… en una de esas…
Me sumo a los dos comentarios que leo.Excelente artículo.
El tema de la lectura es mi preocupación permanente con los niños y jóvenes.Claro que leer nos hace libres, nos estimula la imaginación, nos enriquece. Es una sensación maravillosa.Ojalá los jóvenes puedan descubrirla ya que viven el placer de la inmediatez. Prenden una computadora y allí está, al minuto, lo que necesitan para la escuela. Esa rala información, pero nada más. (en términos generales, no?)
En el programa de radio ESPEJOS, vivimos recordando a los adultos que son los que inducen a la lectura, que incentiven a los niños a leer, a buscar, a volar, a divertirse con un libro.
Me remonté a mis épocas de madre joven, lectora esperada por mis hijos.Por las noches no podían faltar los cuentos e historias.Por suerte , ahora que soy abuela puedo hacer lo mismo.
Malena Sarrot
fabi te dejo un pensamiento de un libro que me gustó mucho: “hay una dimensión de transgresión en la lectura. Si hay tantos lectores que leen por la noche, si leer es con frecuencia un acto de la oscuridad, no es solamente porque haya en ello un sentimiento de culpa: de esta manera se crea un espacio para la intimidad, un jardín protegido de las miradas. Se lee sobre los márgenes, las riberas de la vida, en los linderos del mundo. Tal vez no hay que desear que se haga totalmente la luz en ese jardín. Dejemos a la lectura, como al amor, conservar su parte de oscuridad” (M. Petit)