Visita guiada por el Teatro 3 de Febrero

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Laura Ríos
Una composición rara de miedo y curiosidad habita entre quienes asisten por primera vez. “¿Tiene algo de terror?” pregunta alguien por ahí, en un tono de voz muy bajo. El grupo se aproxima a las 80 personas, con edades que oscilan desde los diez años hasta varias décadas más: hay jóvenes curiosos por conocer, señoras que reiteran el recorrido y pequeños, quienes a lo largo de la visita pondrán su espontaneidad al mando.
“Los fantasmas del Teatro”, con la coordinación de Carlos Vila y la dirección de Jorge Fillastre, es una original visita guiada nocturna por el Teatro Municipal 3 de Febrero. Combina la historia cultural y arquitectónica de la institución con artistas que irán presentándose durante el recorrido.

Con la participación del ballet Cuatro Horizontes y algunos integrantes del grupo de narración oral Paranatecuento, el último martes de abril el coliseo de la ciudad abrió sus puertas a quienes quisieron ver y escuchar.
Artistas fugaces
Quienes concurrieron alguna vez al edificio de calle 25 de junio, tal vez se hayan detenido en algunos de los 250 cuadros con afiches y programas originales que penden de las paredes del teatro. Miles de artistas hablan y recuerdan desde allí el paso de la historia cultural.

De historia hablamos y aparece el primer fantasma, antes de entrar a la sala mayor, trayendo a un personaje silencioso en la voz y la interpretación de Chury Chemin, integrante de Paranatecuento. El relato pertenece a la escritora Angélica Gorodischer y nos sitúa en los finales del siglo XIX.

Los relatos históricos atravesarán todo el recorrido. Desde lo alto del teatro, Verdi, Puccini, Donisetti y Brahams observan al grupo. Los niños miden con sus ojos la distancia y ensayan respuestas ante la curiosidad de querer saber cómo se llegó a esa altura para pintarlos. “¿Con una escalera?” pregunta uno. “¡Con un andamio!”, responde otro. Todos ríen ante esa muestra de naturalidad.
Quizás el momento más especial es ese en el que todos suben al escenario. Igual que tantos que han conquistado esas tablas, van ingresando uno a uno. Sólo desde allí se puede tomar verdadera dimensión de lo inmenso del lugar, además de sentirse por un breve lapso de tiempo igualado a un artista.

Por unos minutos, las miradas realizan un recorrido por las 800 butacas que tiene el teatro. Vila nos trae otro dato: en su inauguración, el 18 de octubre de 1908, él calcula que debe haber habido “algo así como 1500 personas, porque no había asientos en ese momento”.

Los juegos de luces se ponen en acción. Dan un toque íntimo, realzan la escena, encandilan luego: son varios allí arriba quienes empiezan a comentar sobre el calor que se siente.
Y ahora, es el turno de un nuevo fantasma. Los roles se han intercambiado: el público sobre el escenario sigue con atención a Elena Cecarelli, otra integrante de Paranatecuento, quien desde el palco trae un nuevo relato. Todos guardan un raro silencio, que es apenas interrumpido por el crujir de las tablas y las risas causadas por el cuento.
Pura historia
El Teatro Municipal 3 de Febrero alberga 102 años de historia y lleva consigo dos títulos. Uno, el de ser el primero que se construyó en la Provincia; otro, el de ser el segundo que se edificó en ese mismo lugar.

El actual coliseo fue inaugurado el 18 de octubre de 1908, pero más de cinco décadas atrás, un edificio de estilo colonial había albergado allí mismo las actividades artísticas. Ese primer teatro, abierto en agosto de 1852, tuvo como primer nombre el de “San Justo”. Vila comenta que si se desenterrara el acta original, nos encontraríamos con esa denominación. Fue en el discurso inaugural en el que se elogió y se realizó un reconocimiento a la Batalla de Caseros, lo que dio lugar a la nueva y actual denominación.
Así es la vida
Hay un espacio en el primer piso, sobre las marquesinas del teatro, donde otra parte de la historia -más reciente- vuelve. En ese lugar, relata Vila, se solían realizar tertulias y “hasta llegaron a celebrarse casamientos”. Se vuelve imposible no imaginar ese lugar, desprovisto de la celosa custodia de los edificios que ahora impiden la vista de la ciudad, invadido por trajes, brillos y vestidos blancos.

También ahí, celosamente conservados, un juego compuesto por mesas, sillas y algunos aparadores haciendo juego simulan un comedor hogareño. Descoloca verlos por primera vez. Huellas de la historia teatral argentina, los muebles fueron donados por Luis Sandrini para quedarse aquí. Pertenecieron a la escenografía de la obra “Así es la vida”, cuya gira artística concluyó en esta ciudad.
Llega el final. Vila agradece el acompañamiento del grupo. “Espero que no les haya decepcionado conocer el detrás de escena”, dice. Y comienza a hablar de fantasmas, noches de invierno, algún vidrio roto donde a veces se cuela el frío y la presencia casi inevitable de los murciélagos. Es que, cómo él dice, “hay dos cosas que no pueden faltar en un teatro: murciélagos y fantasmas”. Ya a esta altura, cualquiera pudo descubrir que los fantasmas no siempre apuestan al miedo.

Un comentario para “Fantasmas de la cultura”

  • MILAGROS dice:

    BUENO LA PRIMERA BES Q FUI ESTUBO MUY LINDO Y BUENO COMO YO BAILO HAY YA LO CONOCIA
    TAMBIEN SE SIENTE LINDO BAILAR EN SU ECENARIO TODA LA GENTE TE MIRA Y ES MUY MUY HERMOSO BUENO SOY MILAGROS Y ME GUSTA MUCHO EL TEATRO

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