Matías Malvicino
La noche, esa parte oscura del día, fuente creadora de pensamientos extraños y contemplativos. Hoy te escribo. En otro tiempo lejano un poeta olvidado te admira: “Noche fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista”.
Noche marginada, desdeñada por sus sombras infinitas, estigmatizada por mitos, relatos de misterio, que narraron seres, monstruos y fantasmas.
Noche de luna llena, reflejada en un río manso que se lleva los sueños amargos, mientras los pescadores duermen en las costas de sauces que se bañan.
Noche de amor, dónde se respiró un romance prematuro, y se juraron amores eternos.
Noche trágica de anoche, que se llevó varias almas.
Noche helada de cementerio, que cae sobre unas tumbas olvidadas, inclinadas por el tiempo.
Noche de muchos siglos atrás, en que dos reyes enemigos se batieron al ajedrez, mientras sus ejércitos luchaban.
Noche de casas que no duermen, juntaderos de malandras, donde se piensan asaltos, maldades, crímenes detallados.
Noche estrellada, galáctica, de astrónomos que la miran atentamente, como si entendieran, el secreto y enigmático mapa del universo.
Noche a medianoche, sobre las ruinas de una casa abandonada, perdida y estrangulada por una incesante arbolada.
Noche de mar, de violentas olas, de naufragio, de barcos que ya no se buscarán.
Noche de dolor de muelas, que hace levantar a algún pobre diablo de la cama.
Noche de sueños tranquilos, que nacen de otros sueños, que sueñan contigo.
Noche de pesadillas, que hacen dar vueltas en la cama, que estremecen y quedan hasta por unos días.
Noche de grillos que niegan el silencio, que cantan y cantan, y hace que algunos desvelados busquen desesperadamente matarlos.
Noche cautiva de un prisionero, que habla con su soledad en la celda nostálgica.
Noche llorada y funesta, trasnochada, en un velatorio donde se comparte el dolor, y los gestos hablan.
Noche en una pieza, donde amigos inventan charlas, entre mate y cigarrillo, filosofías baratas.
Noche lluviosa, que calmó penas y angustias, junto al vaso del noctámbulo borracho.
Noche otoñal o de verano, de focos prendidos o apagados, de calles vacías o colmadas, en una ciudad sonámbula o en un pueblo dormido, de risas o de llantos, taciturna o conversada, enferma o sana, futura o pasada, escrita o pintada.
Noche humana, histórica, filósofa, delirante, mística, embrujada, fascinante, inconclusa, múltiple e infinita, llena de vida, llena de muerte. Noche que se empieza a extinguir, que agoniza en el horizonte, mientras asoma una leve luz clara.




Noches de tantas, cada una es única e irrepetible. El misterio que nace cuando cae el sol y nos cubren las estrellas. Fascinante cómo pudiste en un solo relato describir las noches de toda la humanidad.
Esta noche para mi, será alguna de la descriptas pero nunca lo sabrás.