Adolfo Golz
Dicen que el pasado no es todo lo que nos ha sucedido, sino que es la sucesión de aquellos hechos que la memoria rescata en el presente. Entonces ocurre, como en esta instancia, que apelamos a nuestra memoria para evocar la figura de José Napoleón Amaro Villanueva –tal su nombre completo– con motivo de la reciente aparición de su Obra Completa, publicada por la Eduner y presentada el viernes en el marco de la Feria Internacional del Libro.
Conocimos a Amaro Villanueva a mediados de 1947, cuando nos desempeñábamos como cronista deportivo en EL DIARIO, en la vieja casa de calle Urquiza, frente a la Plaza 1º de Mayo, lindante hoy con el Banco de Entre Ríos, redacción que él solía frecuentar. En ese ámbito fuimos presentados y tuvimos la suerte de compartir mesas de café, en el recordado Bar Florida (lugar donde hoy se encuentra el Instituto del Seguro), participar de cenas trasnochadas en el Olimpia (donde ahora se levanta el Gran Hotel Paraná) o bien tomar una copa en el Club Gimnasia y Esgrima, en ese entonces frente a la Sociedad Española, donde tenían su sede varias instituciones como la Liga Paranaense de Fútbol y el Círculo de Periodistas, que era la entidad que nos nucleaba por aquellos años.
A fines de la década del 40, en la Asamblea Anual, correspondiente al 14º Ejercicio del Círculo de Periodistas, Amaro Villanueva nos ofreció la Secretaría General de la entidad, con Marcelino Román como presidente y el mismo Amaro como Secretario de Subcomisiones. Esa función hizo que nos viéramos con más frecuencia y en más de una ocasión nos invitó a su casa en calle 25 de Junio, pasando Córdoba, a mitad de cuadra. Allí tuvimos ocasión de ver su colección de mates y curiosear su mundo de papeles y libros. Si bien teníamos diferencia de edad y disentíamos políticamente, el común oficio de la pluma nos unió sobre cualquier tipo de divergencia.
Un día se alejó de Paraná. De allí en más nuestra relación se limitó a algún intercambio epistolar o algún encuentro en Buenos Aires. Nuestro último contacto fue en 1966, cuando la Editorial Jorge Alvarez me encomendó la compilación de una antología, que apareció en 1967 con el título de Crónicas de Entre Ríos, en el que incluimos su trabajo La marca de Gualeguay. Ese texto se había publicado en un folleto destinado a la celebración de la Semana de Gualeguay, en 1961. Por esa época Amaro ya estaba muy enfermo, había legado todos sus bienes a Blanca Gerchunoff, con la cual se hallaba ligado afectivamente. Dos años más tarde, en 1969, nos enteramos por los diarios de su fallecimiento.
Sin duda fue la suya una vida rica larga, que nos dejó una obra rica y diversa, en la abordó la poesía, el ensayo, el cuento, la investigación histórica, literaria y lingüística, amen de su producción periodística que ahora la Eduner ha rescatado para orgullo de los entrerrianos.




Es admirable cómo Entre Ríos no olvida a sus poetas, siempre los tiene presentes. Esta semblanza del querido y siempre recordado Adolfo Golz me acercó una imagen de Amaro Villanueva que no conocía, sí su obra, que es muy rica e interesante.