Música que brota del corazón
Carlos Marín
Han pasado, para Silvia Teijeira, años de siembra basados en la formación y en un pertinaz camino de búsqueda de referencias que le permitieran dirigirse hacia aquello que considera las claves que dieron forma a su identidad. Ese laborioso esfuerzo macerado en el silencio y el estudio comienza lentamente a germinar. Y a dar sus primeros, sabrosos frutos. Luego de Rulos de zamba, vuelve a cautivar con Latiendo un disco que la aproxima aún más a sus raíces. El trabajo comenzó a difundirse en marzo del año pasado, pero estaba pendiente su presentación formal, que se concretará este viernes en el Teatro Municipal 3 de Febrero, en el marco del ciclo El teatro presenta.
Para este acontecimiento, la artista, interpretará temas que incluyó en la grabación como una cuidada versión de Tren expreso de Raúl Barboza –uno de sus maestros– la zamba Balderrama, la Chayita del vidalero y La isla. Entre otras músicas podrán escucharse también valses, polcas, chacareras, gatos y malambo. En suma, un recorrido a través de ritmos representativos de las diversas regiones musicales de La Argentina en versiones hechas con talento, solidez técnica y con el alma puesta en cada una de ellas.
Gustavo Cuchi Leguizamón, Miguel Martínez, Rodolfo Chacho Müller, Remo Pignoni, Ricardo Cary Pico, Jorge Cafrune (del que interpretará el clásico Virgen morenita) y Pedro Ciervi a quien reconocerá al incluir La vestido celeste.
Se trata de mojones del cancionero folclórico del país que tienen, para la pianista, la perspectiva del reencuentro con sus primeros años, con el inicio de un camino vital y artístico.
“Me alegra mucho llegar a interpretar esas cosas. No porque uno se quede fijado en la infancia, sino por la posibilidad técnica, en lo musical y mental, por permitirme hacerlo, lo cual para mí es un regalo que me ha dado la vida”, asegura la artista, que, admite, disfruta plenamente su presente.
RECORRIDOS. Latiendo es un disco en el que se afinan parámetros de búsqueda en un esfuerzo de caminar hacia las propias raíces. “Mi camino es justamente, ir acercándome cada vez más a poder interpretar música del Litoral; seguramente por el lugar en que nací, por la impronta del chamamé. Allí, en Federal, esto estaba en el aire. Sucede que me resulta ciertamente complejo llevar esa música al piano por las características del chamamé, por cómo se hace y por su sonoridad”, explica Teijeira.
En ese camino de ir despacito hacia la música del Litoral, “que reconozco que es donde está mi corazón”, la idea es traducir sin traicionar, trasladar de una sonoridad propia de un instrumento a otro, sin que el concepto original pierda sus rasgos característicos. Eso implicó años de investigación, de búsqueda y estudio “pero yo me tomo el tiempo necesario”, aclara la música.
“Es un desafío y por momentos me pregunto si está bien. Yo trato, en estos temas que estoy armando, de llevar lo más fielmente posible no sólo la rítmica, la melodía, la armonía, que respeto a rajatabla, sino también algo esencial que es la sonoridad. La verdad es que se hace difícil. Pero el piano tiene posibilidades, sobre todo en lo rítmico, que ayuda bastante a lograr ciertos efectos propios del chamamé ejecutado con acordeón”.
Ese compromiso puede apreciarse en la versión que la pianista plasmó en Latiendo de Tren expreso, que implicó incluso una estadía en Francia para consultar a su autor, Raúl Barboza respecto a cuestiones técnicas y expresivas y conocer su opinión respecto al tema.
–¿Cómo se relaciona con lo compositivo? ¿Siempre es tan meticulosa?
–En primer lugar me gustaría dejar en claro que yo no fuerzo la composición. Para mí es muy libre. De hecho cuando viene una idea, siempre me tomo el tiempo suficiente para ver de qué se trata. Por ejemplo, en Latiendo grabé una galopa. Esa pieza salió tal cual desde el primer momento. No tenía dudas. Y así la trabajé. Pero cuando lo que llega no responde a una forma determinada, primero veo de qué se trata. En esto sigo lo que me recomendó un maestro que hace muchos años me decía “Silvia, aprenda a ver qué forma le está pidiendo una idea”. Y luego se trata de dejar descansar las cosas, tomar distancia. A la vez busco en mi interior, desde lo emocional, lo descubro, plasmo la idea y luego lo dejo descansar. Le doy su tiempo. Yo no me apuro con nada, pero con la composición, menos. Y una vez que pasó todo ese proceso, sigo trabajándola como cualquier idea, hasta que llego a un punto que me cierra. En ese momento empiezo a estudiar lo escrito, que es otra fase, la interpretativa. Lo que pasa es que en el estudio, para interpretar un trabajo, la obra también va mostrándote cosas que en un primer momento no había oído. Y ese descubrimiento hace que la obra vaya abriéndose, y crezca. Y si por alguna razón no da para más y lo que pudo ser o lo que pude ver o plasmar una idea no da para mostrarla, la guardo. En eso soy muy libre.
Lo que pasa es que hay que tener ciertos recaudos, hay que ser cuidadoso para ver si lo que uno ha escrito no repite cosas que pertenecen a otros autores; analizar si lo que uno hace se algo propio o está tomando algo prestado. Eso me pasó con un arreglo de Subo. Siempre había querido hacer ese tema, desde que lo escuché interpretado por Juan Falú. Pero no le encontraba la vuelta. Hasta que un día me dije, ¿por qué no compongo mi propia vidala? Algo difícil para alguien del Litoral. Sin embargo me senté y escribí una. Y luego la dejé descansar. Al mes la retomé y me di cuenta que lo que subyacía era Subo. Fue algo que me pareció bienvenido y lo incorporé como introducción a la versión que hago de ese clásico del folclore del Noroeste.
PROYECCIÓN.
–A un año de la edición de Latiendo ¿tiene algún proyecto que lo suceda?
–Estoy trabajando, porque me gustaría que el próximo disco, en el que ya trabajo, tenga sólo música del Litoral. Para ello he tomado algunos referentes históricos del chamamé como Isaco (Abitbol), (Tránsito) Cocomarola, (Ernesto) Montiel, (Raúl) Barboza. Los elegí porque son maestros en los que todos se referencian y también aportan un color que heredamos quienes amamos este género.
–En este recorrido con el piano y la música, hay un caminar hacia el origen, hacia ese momento inefable que es la infancia. En función de eso, ¿cómo se imagina que será el disco que está prometiendo?
–Tengo una expresión que sintetiza un anhelo y que lo grafica: Será como llegar a casa. Con este trabajo que estoy bosquejando siento eso, si bien por otra parte tengo mis temores por el instrumento ya que hay dos cuestiones que considerar. Por un lado está lo técnico, lo objetivo, lo más frío. Acceder al dominio de este aspecto plantea sus complejidades, pero es posible dominarlo con estudio y ejercitación. Pero hay otro plano, el de la significación, de lo emocional que es el que me inquieta. En este último aspecto, lograr lo que me propongo con el tercer disco será efectivamente llegar a casa. Es poder comunicar algo que, insinuado, está en mí desde el inicio de mi recorrido en el piano. Para mí, escuchar chamamé, que es lo que más me representa, es lo que siento. Y si bien también oigo otras músicas, de distintos géneros, y me alimentan, no encuentro en ellas lo que me brinda la música del Litoral.
Esas melodías y esos temas que interpreto en mis discos y compartiré el viernes, con sus letras inclusive, son constitutivos de mi persona. Y me alegro de tener este capital adentro.
EL DATO
El costo de la entrada general al recital de presentación de Latiendo se fijó en $20 mientras que para jubilados y estudiantes el valor será de $15. Las entradas son numeradas y pueden adquirirse en la boletería del Teatro Municipal 3 de Febrero (25 de Junio 60) de 8 a 12 y de 16 a 20.
(Fuente: El Diario)


