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Por Emma Sáenz

Callate. Voy al supermercado porque me había quedado sin lavandina y viste vos que no se puede lavar nada si no tenés lavandina. Así que salí volando para el súper ese que está a la vuelta de casa. Resulta que entro y antes de agarrar un changuito me digo: solamente lavandina. A eso me lo enseñó la nena porque ella dice que cada vez que yo voy al súper termino comprando mucho más cosas de las que necesito y que por eso nunca me alcanza la plata cuando llego a fin de mes. Así que elegí un carrito chico y me metí en los pasillos, derechito al sector de la limpieza. Pero con eso de que todos los días te cambian las cosas de lugar tuve que recorrer todo el salón para encontrarlo. Que voy para acá, que salgo para allá, que doblo acá, que vuelvo para acá la cosa que tuve que preguntarle a un chico que estaba acomodando mercaderías en las góndolas dónde estaban las benditas lavandinas.
“¿Cuál quiere?”, me preguntó el muchacho totalmente amable y me mostró todos los envases. Justo, justo él andaba reponiendo lavandinas, el pobre. Ahí no más agarré un par de bidones y los puse en el changuito y me voy para la caja. Había una cola que ni te cuento, parecía que todo el mundo había cobrado y se le había dado por salir a comprarse todo. Los changuitos rebalsaban, vos vieras y yo ahí, última con dos botellas de lavandina.
Mirá habrán pasado 20 minutos y recién yo había avanzado dos lugares cuando me di cuenta que me faltaba jabón en 0792692001192527949-non-todo-o-mundo-pode-encher-o-carrino-do-supermercado-imaxe-fao1polvo así que dejé el changuito que me cuidara el lugar en la cola y me fui a buscar. Claro, ya te conté que todo estaba cambiado de lugar así que tuve que preguntar de nuevo y una chica muy sonriente me acompañó hasta la góndola de los jabones en polvo. Cuando volvía para la cola veo la panadería y entonces me acordé que a la tarde venía a casa Chichita así que compré unas facturitas. Al lado, estaban los lácteos y me tenté con unos flancitos con dulce de leche que ni te cuento. Yo que caminaba cargando todo eso me encuentro una de esas canastas que son tan prácticas ¿viste? Y como me quedaba lugar cargué algunos quesos, arvejas, chocolates y dos latas de atún. Un trapo de piso y un pote de cera. Y no me acuerdo qué mas necesitaba. Y cuando ya me volvía para la caja veo el azúcar y pensé en hacer arroz con leche, natilla y budín de pan, además del café y todo eso así que cargué cinco bolsas y dije basta. Suficiente. Cuando llego a la cola veo el changuito que estaba fuera de la fila, a un costado, con sus dos litros de lavandina. Pobrecito. Voy lo busco y veo a la señora que estaba delante de mí cuando yo fui a hacer la cola.
“Disculpe señora, ¿se acuerda que yo estaba detrás suyo cuando fui a buscar un paquetito de jabón en polvo y dejé el changuito cuidándome el lugar?”, le digo yo, muy sonriente porque viste vos que yo soy muy amable y educada. Pero la tipa que vos no sabés cómo me miró me dice: “Yo no sé nada, señora”, y hace así con la cara como si estuviera oliendo caca y mira para el otro lado. Yo, te imaginás, volaba de la furia porque a mí contestame bien y soy la persona más dulce y agradable del mundo, pero maltrátame y no sabés con quién te metés. Entonces yo que digo en voz alta como para que la maleducada me escuche que no se puede creer lo poco amable que suelen ser algunas personas y eso seguramente porque han tenido una vida desgraciada y llena de odio y tal vez, quien te dice, algún marido que además de pegarle le meten unos cuernos que ni te cuento. Y meto el changuito en el lugar que me correspondía y arriba el canasto con las otras cosas. Entonces empiezo a escuchar un murmullo atrás y como que los que estaban esperando se empezaban a quejar. Un muchacho me toca el hombro y me dice: “Señora, a la cola” y yo que me doy vuelta como para zamparle un soplamocos y le digo, sin gritar pero con mucha firmeza, que ése era mi lugar y que nadie en el mundo me iba a sacar de ahí porque por eso estábamos como estábamos, porque los argentinos no sabemos reclamar por nuestros derechos como corresponde. Y que si no miren todos los atropellos que sufrimos a diario con la inflación y el fútbol para todos, que en vez de andar alimentando a todos los muertos de hambre que andan por ahí, a nuestra señora presidenta se le da por transmitir todos los partidos gratis por la tele. ¡Qué tanto! Y en eso la cornuda se da vuelta y me dice: “Estamos como estamos porque la gente no tiene educación”. Y fijate vos que tenía razón, nomás. Justo, justo, lo que yo pienso, sino que la yegua lo dijo con un odio que se le notaba la mala entraña que tenía.
“Y claro, habría que empezar por casa. ¿No le parece?”
“Y sí, por eso se lo digo a usted”
“Y sí, pero si tuviera un mínimo de educación habría tenido la honestidad de reconocer que éste es mi lugar”
“Y sí, pero yo no me ando fijando en lo que no me corresponde”
Y en eso la cajera le cobra a la cornuda y quedo yo. Empiezan a pasar mis cosas, que 15, que 18, que 6 con 50. Y cuando ve el azúcar, la cajera, que tenía una cara de mal día, me dice: “Señora, sólo vendemos dos paquetes por clientes”.
¡Pero podés creer! ¿Quién gobierna este país? ¿Isabelita?, le grité yo, y ella que me dijo que era una medida de no sé qué cosa con los proveedores y la mar en coche, que la escasez y los precios y que ella era una empleada.
¡En Cuba! ¡Nos vamos a convertir en Cuba! ¿Me pueden decir cuál es la diferencia con los comunistas que tienen que hacer cola para conseguir comida? Y cuando yo esperaba que todos los que estaban atrás se sumaran a mi reclamo y ahí no más le armemos un piquete veo que los borregos con sus carritos me gritaban: “Vieja de mierda, pagá y dejate de joder, que nos vamos a pasar todo el día acá”. Eso me decían, te juro. ¡Qué bochorno! Nunca pasé por una situación semejante. Le dije respetuosamente a la cajera que se metiera las bolsas de azúcar donde más le gustara, le pagué y me fui.
Y los otros se quedaron aceptando semejante atropello, como borregos.
Por eso estamos como estamos.

Un comentario para “Dos kilos de azúcar”

  • tuky carboni dice:

    “LAURENTINO” me parece una excelente revista virtual. Me gustan todas las secciones, pero ésta de Emma Sáenz realmente es magistral. Me divierte mucho y me creo que refleja (medio en broma, medio en serio) muy fielmente los diálogos internos de las señoras de mi edad Me gustaría que felicitaran en mi nombre a su autora. Gracias. Tuky Carboni

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