001_fa1 En los años 20, los peones de la Patagonia, que arreaban ganado por miles de kilómetros, por terrenos inhóspitos y helados, presentaron un petitorio para reclamar mejores condiciones de trabajo.
Pedían, entre otras cosas, un sueldo mínimo de 100 pesos, comida en buen estado, dignas condiciones de higiene, velas para alumbrar en la noche y que las instrucciones de los botiquines sanitarios estuvieran en español en lugar de inglés.
Los patrones rechazaron los reclamos por considerarlos excesivos y entonces, los trabajadores se declararon en huelga.
El gobierno de Hipólito Yrigoyen envió tropas del ejército al mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela con la orden de normalizar la situación.
Ante el incumplimiento de las promesas, la huelga se generalizó. Los principales líderes del movimiento libertario eran el español Antonio Soto y el entrerriano José Font, conocido como el noble gaucho “Facón Grande”.
Todo concluyó con el fusilamiento de 1.500 trabajadores. Entre ellos, Facón Grande, hasta hoy uno de los cabecillas más queridos de ese movimiento.
Actualmente, en la Provincia de Santa Cruz, un colegio secundario lleva el nombre de José Font (fue elegida esa denominación por voto de los alumnos entre los nombres de Laura Vicuña y Bernardo Houssay). Además, un monumento lo homenajea y también, el carro que supuestamente perteneció a Facón Grande está emplazado en un parque público.

En la zona de de Puerto Deseado, los huelguistas había elegido como dirigente a José Font, un gaucho entrerriano, domador, que por esa época se desempañaba en la Patagonia como “carrero”, transportando mercadería por cuenta propia en aquellas inmensas distancias. Algunos testimonios dicen que tenía un buen pasar económico. Era el dueño de una tropa de carros laneros que transportaban los fardos de lana de las estancias desde la precordillera a puerto Deseado y a San Julián.
Jose Font tenía un gran ascendiente entre la gente humilde por su condición natural “hombre de palabra”, lo llamaban “Facón Grande” por su costumbre de llevar un cuchillo cruzado en su faja.
Cuando algunos peones rurales se presentaron frente a Facón Grande para que los representara sindicalmente, el gaucho no dudó un minuto en hacerlo: en ese momento, Yrigoyen ya había mandado al Teniente Coronel Varela a reprimir a los revolucionarios patagónicos, y Gran Bretaña también había amenazado con enviar buques desde las Islas Malvinas para defender las propiedades de los estancieros.
Desde siempre, Font desconfió de la Policía por el injusto trato que había recibido en otras oportunidades. Cuando va a negociar un acuerdo con las autoridades y reconoce que no tenía enfrente a la policía si no al ejercito, acepta el “arreglo” propuesto por un mediador, y se entrega con toda su gente, sus armas y sus caballadas.
Al entregarse Facón Grande ante el teniente coronel Varela, le extiende la mano presentándose, pero Varela desprecia el saludo y en cambio lo hace apartar y lo llevan a un galpón donde lo golpean y manean con alambre. No iba a permitirse Varlela trato con un “civilacho”.
Facón grande es luego cargado atado a la caja de un camión y llevado a poca distancia es fusilado sin más trámite. Para mayor escarmiento y degradación, le quitan la faja para que, al ser fusilado, se le caigan las bombachas que inútilmente trataba de sostener con sus manos atadas, para tapar su vergüenza.
Así muere como tantos otros

001_fa11“Viajaremos por tierra hasta Jaramillo, en la pampa del norte santacruceño. Me conmueve una alegría inusitada y una latente emoción: hemos sido invitados a la inauguración del monumento a don José Font, llamado “Facón Grande”, el líder huelguista fusilado por el Ejército argentino en 1921 por ser dirigente de la huelga rural. Sí, un monumento, allí donde se encuentran la ruta 3 y la 281. Sí, un monumento después de setenta y siete años de su asesinato. Como modelo para el escultor que elaboró el monumento, sirvieron las dos únicas fotos que se conservan de él, que publiqué en mi libro La Patagonia Rebelde. Allí se lo ve en su clásico atuendo de campo, esperando. Horas después sería fusilado sin juicio previo, por obra y gracia del teniente coronel Héctor Benigno Varela, jefe del 10 de Caballería. Su muerte quedó impune, como la de centenares de peones de campo fusilados por reclamar mejores condiciones de vida. Setenta y siete años después. La muerte de un gaucho entrerriano en la pampa patagónica santacruceña; tierras de eterno viento. Un monumento levantado por iniciativa desde abajo, por los integrantes de la Unión de Trabajadores Rurales y Estibadores y por los miembros de la Comisión de Fomento de Jaramillo, un pueblecito típico de la estepa sureña.
¡Qué contento se hubiera puesto ese gauchazo entrerriano sabiendo que hombres y mujeres como él no sólo lo recuerdan sino también lo tienen como modelo y ejemplo! Hablaremos ante el monumento y luego iremos hasta la antigua estación Jaramillo donde él vivió sus últimas horas y que -reciclada- pasará a ser el museo “Facón Grande” que contendrá piezas históricas que recuerden la gran masacre y alerten al mismo tiempo para que jamás vuelvan a ocurrir represiones así contra el auténtico pueblo; pero también se expondrán objetos que fueron testigos de la sacrificada vida de los pioneros y de los habitantes naturales de aquellas regiones.
Y la jornada de hoy terminará en el salón de actos de la Municipalidad de Jaramillo donde hablaremos de Facón Grande y sus compañeros, y de la injusta tragedia que se desencadenó por sobre sus cabezas, ordenada desde Buenos Aires.

(palabras de Osvaldo Bayer: “La memoria de la dignidad”)

“Fue a buscar la muerte”

001_fa12“¡ Facón Grande !(sobrenombre de José Font). Estaba junto con el herrero … eran muy amigos con Kuney. Antes de venir aquí habían trabajado en la zona de Deseado. Facón Grande siempre fue hombre de la huella. Él fleteaba con tres chatas. Muy buen hombre era Facón Grande. A él lo mataron en la huelga en Jaramillo. Se fue con dos peones que tenía y se fue como jefe del grupo. Era fiel. Nunca se abusó de un hombre. Y si era de poco espíritu menos… aunque le hubiera hecho algún daño. Él tenía la costumbre de usar un facón grande en la cintura. Y como andaba sin saco, ahí se le veía que atravesaba un tremendo facón. Era bravo. Cuando tenía razón era bravo. Pero no mató a nadie … ni con facón grande ni con facón chico. Era un trabajador. Era valiente. No le habían puesto de gusto el nombre. La cosa que a Facón Grande fue una muerte criminal la que le dieron. Él mismo fue a buscar la muerte. Él pensaba que iba a arreglar.”

(Testimonio de Prudencio Moreno, vecino de Puerto Deseado y publicado por Osvaldo Bayer)

3 comentarios para “Un entrerriano en la Patagonia trágica”

  • GRACIELA dice:

    gracias Fabián porque no conocía la historia de un entrerriano como Facón Grande en nuestro sur y de qué forma tan tragica fue protagonista de la historia.

  • Saúl Cuello dice:

    Que contradicción. Hoy por hoy el “facon grande” lo tienen los que nos recortan dia a dia el poder adquisitivo de los trabajadores y la calidad de vida del pueblo en general.Cuantos José Font que harian falta en esta patria chica. gracias por brindarme estos conocimientos.

  • Orlando Van Bredam dice:

    La historia se repite, los dueños de la soja siguen tratando de la misma manera a sus peones de campo hoy día en Formosa y Salta y los llevan arreados como reses para cortar rutas para el patroncito. Una pregunta:¿no era tan democrático don Hipólito, tan pueblo como se dice?

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