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“¿Cómo se estudia y organiza todo eso que es
más perfecto a medida que más espontáneo y
despistado sea de la inspiración de un segundo?”
DANTE PANZERI.

 

Por Juan José Noguera

¡No me vengan a mí con esas payasadas, viejo! Uno entiende que el tiempo pasa y las cosas cambian. Pero ese tipo de boludeces - si me permite la expresión - no las soporto… Ojo, eh! No soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. No se equivoque amigo, no se trata de eso. Simplemente se trata de cuestiones propias del fútbol. De las cosas imprevistas que permanentemente deben sorprendernos como hinchas o espectadores; como simples amantes del deporte del balompié. Cuestiones que nacieron con la misma esencia del juego. Porque por más que me vengan a hablar de tácticas, de estrategias, de planteos, aspectos que supuestamente se pueden prever y trabajar con anticipación, sigo convencido en que no terminan de ser simples accesorios de la misma suerte en la que se cocinan los partidos. Dirán que soy anticuado, de la vieja escuela. Y sí, quizás tengan razón. Hoy estoy pisando los ochenta pirulos, pero déjeme decirle una cosa, estoy seguro de lo que pienso. Estoy completamente convencido en que atentan contra el espíritu del deporte mismo. Uno puede creer o desconfiar de ese tipo de asuntos, y por ahora señor, lo dejo de lado. En realidad, mi enojo en este caso no tiene que ver con la rigidez de un esquema a la que se somete a los futbolistas, es algo (quiero creer) más sencillo de resolver y tiene raíz en los festejos. Si ¡En los festejos de los goles! Hoy parece estar todo programado y estudiado de antemano, incluso por los que dicen ser más auténticos, más naturales. En su discurso expresan trabajar sin tener nada guionado, pero no es así. Por eso permítame desenmascarar a esta farsa que pretenden imponernos desde el exterior. Un show para las cámaras de televisión y las de los fotógrafos al que accedemos con anterioridad y atestiguamos cada fin de semana.
A ver si me entiende querido amigo. Gritar un gol es un festejo desbordante de euforia. Puede ocurrir de distintas maneras, pero sobre todas las cosas debe ser espontáneo. Debe ser franco, ocasional, verdadero, nada estudiado. Recuerdo que en mis tiempos lo más tradicional se daba con el tipo corriendo hacia uno de los costados para esperar a sus compañeros en uno de los rincones de la cancha. O bien no dejándose alcanzar por esa estampida embravecida que pretendía tumbarlo en el piso para terminar en una montaña asfixiante de piernas cansadas, brazos apretados, y palmadas de aprobación. Podía pasar también que el autor de la obra decida revolear la camiseta, salte los carteles de publicidad, se suba al alambrado para gritar con sus hinchas y reciba la amonestación estúpida que aún hoy imponen los reglamentos. O que retribuya con un gesto de buen compañero al autor de la asistencia, o el centro que le permitió la conquista. ¡Eso es el gol bien gritado! El que comparte el jugador con los hinchas. El unísono de un coro compartido por miles de personas o un pequeño puñado de fanáticos que lograron viajar para acompañar al plantel, atravesando ciudades, provincias, e incluso países, para juntarse en la misma pasión. ¿O acaso hay otra manera de gritar mejor un gol? Según los tiempos que corren, sí. Lamentablemente, los medios de comunicación han impuesto esta moda, que quien sabe hasta cuando debemos soportar como amantes del buen juego.
En la semana uno que mira y escucha distintas tiras deportivas, ya se entera de lo que hará tal o cual jugador para gritar su gol. Ya sea para su mujer, que dará a luz dentro de poco, o para el amigo que cumple años, entre los casos más tradicionales. Al menos lo hacen los jugadores que vi desde joven, aunque las técnicas de festejo se han ido “actualizando” y “perfeccionando” según los propios protagonistas.
¡Ahora resulta que los tipos se juntan para saber que hacen en el partido en el caso de meter un gol! Seguro que están tan al pedo en las concentraciones - vuelvo a pedir disculpas por mi uso del lenguaje - que no se les viene a la cabeza otra cosa que encargarle a algún conocido que tenga una imprenta, y haga serigrafía que les estampe una remera. Obviamente que si es con foto mejor… Me río solo imaginando a cada palurdo, iluso, planeando alguna dedicatoria, y después del partido no tener más remedio que hacer un bollito con la camiseta porque no pudo usarla. Para colmo ¡Tenía la fecha en la que estaba previsto desatar el festejo! Si hasta los jugadores más limitados - por decirlo con cortesía - deben hacerlo. Pero créame que esta modalidad ya está extinguiéndose. Al parecer incluso las piruetas individuales y colectivas están desapareciendo. Se trata de un fenómeno de crecimiento masivo, con episodios por demás elocuentes en los últimos tiempos en distintos puntos del globo. Desde las ligas más tradicionales del mundo, hasta las menos atractivas se vieron envueltas durante las últimas temporadas en una ola de festejos con desenlaces en algunos casos trágicos y preocupantes.
Ejemplos concretos, en los que las celebraciones incluyen un número gimnástico por parte de los goleadores, han dejado un preocupante saldo de heridos. Entre ellos, varios de los accidentes registrados desde hace algunos años, en los que por dar vueltas como una especie de rueda humana se desnucaron un par de muchachos. Además del caso del rumano Islav Brincodarescu, artillero del Dínamo de Bucarest que haciendo alarde de su apellido perdió el conocimiento tras un error de cálculo a la piscina, después de arrojarse desde un trampolín, colocado al borde de la cancha intentando un salto mortal con tirabuzón. Ah! Porque esa es otra de las cosas que han cambiado en esta época: la inclusión de elementos ajenos a la misma práctica del juego para cumplir con los deseos del goleador. Recuerdo que hace varios años, apenas los jugadores se atrevían a ponerse alguna máscara o a utilizar los banderines de los córners para alzarlos en símbolo de victoria y en otros casos menos ingeniosos se colocaban la pelota por debajo de la camiseta para simular una panza… Pero créame señor que a lo que se ha llegado, es verdaderamente alarmante.
Entre los casos más memorables debo mencionar también al de los italianos, que en reiteradas oportunidades han solicitado la presencia de los grupos musicales o ídolos artísticos preferidos para compartir ese festejo. Los más conocidos cantantes han sido los más participativos en ese tipo de espectáculos. Es cómico mirar a los músicos con sus instrumentos esperar el grito que les da la posibilidad de entrar en acción, algún protagonismo en el partido, lo que en algunas oportunidades no ocurre e irremediablemente ha obligado a suspender varios de los mini recitales. Ese tipo de cuestiones fueron incluso reprimidas, en un principio, por algunos de los reglamentos de distintas asociaciones, sin embargo el show de los medios permitió la habilitación de dichos espectáculos, anunciados en las promociones de las estaciones radiales y los canales de televisión. Es como una yapa, que puede darse en el caso de haber un gol de un jugador en particular en el trámite del encuentro. Eso determinó que varios de los hinchas, esperen ansiosos gritar algún tanto sin importar los colores de la camiseta que lo lograse; interesa más la canción que completa el festejo.
Una vez, el ríspido zaguero central del Peruggia, Roberto Discretto le propuso casamiento en pleno grito a su amada Brenda Righeti, afamada modelo, también italiana, quien no demoró la respuesta en el mismo partido. El “acepto” fue proyectado en la pantalla gigante del estadio, lo que demoró la reanudación del segundo tiempo, por problemas de audio en la comunicación.
En los países de menos arraigo futbolístico, se ha buscado reforzar el atractivo del espectáculo con otras alternativas para los aficionados. Uno de los casos, es el de la Mayor League Soccer, máxima categoría del profesionalismo estadounidense. En una oportunidad tuve la chance de rememorar el avioncito (impuesto según algunos por el legendario jugador argentino Pascual Rambert, de paso por varios clubes como Independiente, Boca, River y Arsenal, entre otros) en una demostración de las fuerzas armadas yanquis en el metro estadio de Kentucky, en Agosto de 2028. John Whitehouse, centrodelantero del conjunto local, el Kentucky Century, terminó anotando el único gol del partido ante el NY Comets, y comenzó a correr hacia las puertas de la cancha. Allí se encontraba uno de las inconmensurables naves que terminó despegando junto con otros cuatro aparatos, dando un espectáculo espléndido que decretó la suspensión del partido, a treinta minutos del final. El jugador no regresó. Se dice que huyó, hacia algún lugar en el que le pagaran mejor.
Puedo mencionar también la inclusión de animales en medio de las celebraciones. Los más exóticos futbolistas han sorprendido en las últimas temporadas compartiendo una jaula con leones o tigres, y colgándose del cuello, serpientes de distintas especies. Por no contar lo de la piscina repleta de tiburones, y manta rayas, con las que se atrevió a nadar el australiano Peter Whitlam, tras su centésimo gol en la liga de su país.
Las complicaciones con los animales se sintieron por primera vez en España. En el partido entre el Osasuna y Almería, disputado en Pamplona, escenario año a año de las celebraciones de San Fermín. Allí implementaron la corrida de toros, con la participación de los veintidós jugadores de campo, más el árbitro y sus asistentes. Uno de ellos, fue alcanzado por uno de los animales, y salió herido gravemente en el episodio.
Pero los casos más espectaculares se dieron en el África. Era insostenible la situación, ya que las procesiones de elefantes no permitían la plena visión de los espectáculos futbolísticos y la ley de la selva se hacía respetar. Los partidos concluían en interminables secuencias en las que los jugadores, entrenadores y espectadores escapaban de la ferocidad desatada en el mismo estadio, perseguidos por animales con verdadero hambre de gloria.
En este último tiempo, otros lugares como Escocia, Inglaterra y Alemania, de una extensa trayectoria futbolística, incrementaron el consumo de Whisky y cerveza cebada, pero no por la demanda de los espectadores, sino de los propios goleadores, que entusiasmados por sus conquistas, prefieren dejar el partido para quedarse a un costado del campo, injiriendo grandes cantidades, lo que impide además que se les realice el control antidoping, como premio por su labor en el match. La presión ejercida por las empresas que patentan estas bebidas han torcido en gran medida los valores fundacionales del deporte, sin embargo las sumas importantísimas de dinero han callado a jugadores, entrenadores y dirigentes.
En los países de mayor avance tecnológico, como China y Japón, se han registrado otro tipo de fenómenos. Al parecer, los jugadores deciden registrar los momentos de cada conversión filmándose o sacándose fotos, lo que también ha provocado que se frustren varios goles hechos, hasta con el arco vacío. Al mismo tiempo varios goleadores multimillonarios se han quedado sin trabajo, por estas mismas cuestiones y deciden buscar mejor destino lejos de aquellos países orientales.
Ni hablar de los últimos sucesos en Brasil, en el que se postergaron partidos por la llegada del carnaval antes de la concreción de un gol, e incluso de la finalización del partido cerrado en un cero a cero. Se sabe que los brasileños, sean jugadores o no, disfrutan con intensidad de esas tradiciones llenas de color, y se entregan al ritmo de la samba, dejando las gambetas de lado. De hecho la última participación mundialista en Singapur 2026 ha dejado evidentes muestras que el jolgorio en las concentraciones antes de los partidos les ha jugado una mala pasada.
Aquí en Argentina la cuestión de la música se ha dejado de lado. Es que el Tango, las Chacareras, y las Zambas son géneros intensos pero invariablemente lentos para un festejo. Más allá de que en algunos casos se han puesto ciertos temas de relación directa con los acontecimientos del encuentro. “Por una cabeza” invención de Alfredo Le Pera, con música de Carlitos Gardel y “El sueño del pibe”, aquella magnífica creación de Reynaldo Yiso, han sido los más solicitados, por aquellos muchachos que inflan las redes de las porterías con testarazos impresionantes, o por los debutantes en primera división. Podemos apuntar también, la versión de “El firulete” implementada por los más habilidosos cada vez que lograron anotar después de una apilada llena de quiebres de cintura. Pero más allá de estos casos singulares, no ha habido demasiado éxito en ese sentido. Se han intentado distintas variantes, pero por suerte no hemos llegado a los casos ya mencionados en el exterior.
En el interior del país, se interrumpen los partidos con festivales de doma y folclore, aunque no es lo aconsejable según los propios organizadores por la cantidad de desechos que luego permanecen dentro del campo, más allá de la contribución del abono para la superficie de los terrenos de juego, que dejan los caballos al costado de los arcos, utilizados como improvisados palenques cada vez que una jugada cambia el resultado del evento deportivo.
Debemos terminar con esto señor. Seguramente los que disfrutan de este tipo de acciones me acusarán de amargo, alcahuete y otros cargos que no estoy dispuesto a mencionar. Solo pretendo que se adopten medidas, para evitar este tipo de acontecimientos, que no hacen más que desprestigiar un deporte tan popular y pasional como lo es el fútbol. Es el mensaje de un mero aficionado que creció admirando a una generación de ídolos, con inventiva de potrero llevada al verde césped, y gritó cada conquista recorriendo el campo a grandes zancadas, para dar un salto inmortal con el puño apretado y la boca llena de gol.

Un comentario para “Festejos del nuevo milenio”

  • ^.^ dice:

    Felicitaciones! esta muy bueno, ojala, sigamo con nuestros festejos y sobretodo en esta epoca de mundial!!!!!!

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