Por Martín Carlomagno
Hay un carro sin ruedas en sus ojos,
un viento
lo recibe.
En lo alto un facón para otra historia.
Tejida por el sur anda su estrella.
Entre potros anduvo
largo tiempo
y ha regresado a verse en un piso de adobe.
Para el gaucho sincero una boina de nubes.
Un cielo con canción y paraísos.
De sur a sur su frente
resplandece.
A veces el pampero le silba una oración.
Un cristal encendido para el Gallego Soto
que aún camina en la arena
entre juegos y niñas.
“La Anita” le abre paso.
Su cuerpo en las praderas. Renace.
El pecho como rama allá en su gorra.
También se nace a veces adonde no se quiere.
Adonde el pueblo mismo quiere borrar su nombre.
Un orador del aire le anda entonando coplas.
Allá andará el Gallego al sur de otro silencio.




muy bueno
gracias Claudio. Martín