Por Mónica Borgogno
Desde hace unos cinco años, la Escuela Paracao puso en marcha una estrategia. Y funciona, confían. “Antes, los chicos no leían ni un libro por año, ahora que hemos decidido incorporar la lectura a la planificación anual de las tareas y que nos propusimos que los estudiantes del ciclo básico de la secundaria, puedan leer al menos un libro de literatura, por cada trimestre, y los del superior, tres por cada período, notamos que leen más y se llevan libros de la biblioteca para leer en su casa”, contó Norma Castro, directora de esta institución ubicada al sur de Paraná.
“La idea es que cada joven termine la secundaria con 18 a 20 libros leídos. Los asesoramos e intentamos promover la lectura, sobre todo, de autores latinoamericanos”, agregó la directora.
Por su parte, el bibliotecario de la escuela, Gustavo Decoud, comentó que quienes más se acercan a los libros son las mujeres de entre 16 y 18 años. “Les gusta leer novelas de Gabriel García Márquez, textos de Ernesto Sábato, Alejandro Dolina y los varones, por ejemplo, se interesan por los libros de cuentos de Roberto Fontanarrosa”, especificó.
Si bien comentó que resulta difícil que los jóvenes quieran leer, institucionalmente tienen propuestas para revertir esa apatía y desinterés: “Todos los días sacamos una mesa de libros -siempre diferentes- al patio, entonces les llama la atención, pasan, los ven, los hojean”. Asimismo, se les pide “una colaboración de tres pesos por mes, como una modalidad de captar lectores-socios, y al final del mes se hace sorteo entre todos los que participaron y el beneficiado, se lleva la recaudación para comprarse el libro de su interés. Es una colaboración, el que quiere llevarse un libro y no puede pagar, se lo puede llevar igual”, aclaró Decoud.
LITERATURA. En la Escuela Cesáreo Bernaldo de Quirós, también están desarrollando propuestas para formar lectores. Allí han implementado una hora de lectura semanal pero definida de antemano y circunscripta a determinadas temáticas. De ese modo, mes a mes, docentes de distintas áreas se encargan de organizar y aglutinar textos de literatura que abordan temas como el trabajo, el amor y la amistad, las ciencias naturales, la tecnología.
Esa institución educativa cuenta con una biblioteca importante pero hoy la mayoría de los alumnos ingresan para jugar al ajedrez y lamentablemente, al igual que lo que ocurre en otros establecimientos, no se prestan libros a domicilio. Es decir, prima el criterio de cuidar el libro por sobre la lectura. No se discute siquiera la posibilidad de alguna sanción o una regla clara para preservar el ejemplar que costó conseguir y en su lugar, directamente está prohibido llevar los ejemplares a la casa.
En varias escuelas primarias consultadas pasa esto y no deja de ser paradojal, sino grave, cuando las políticas del Plan Nacional de Lectura están haciendo desembarcar miles de libros en las escuelas e insisten con que ahora, lo que resta, es simplemente leer.
SOLIDARIOS. Sí prestan libros a domicilio, en la Escuela Técnica Enrique Carbó. Desde hace unos años, la bibliotecaria María Laura Calzada viene inventando diversas alternativas para fomentar la llegada a los libros como la organización de mesas de libros y exposiciones de editoriales, en determinados momentos del año y la participación activa en las maratones de lectura y otras actividades afines que impulsa la Fundación Leer.
“La biblioteca está muy presente en nuestra escuela y siempre depende del bibliotecario, y de su capacidad para hacer un ámbito amigable para que los chicos asistan. Ahora, viajó con un grupo de estudiantes a Buenos Aires y fueron a conocer la biblioteca del Congreso”, contó la directora Gabriela Naboni al tiempo que agregó que la bibliotecaria “está realizando un trabajo sistemático de leer en voz alta, con cada uno de los alumnos, para ver en qué condiciones de lector está cada uno y si se presentan dificultades, se lo trabaja con los docentes de Lengua”.
En este establecimiento, los chicos de primero a tercer año del ciclo básico de secundaria, son los que más leen y sus elecciones van desde novelas, cuentos hasta historietas. “El libro de Mafalda es uno de los que más se llevan”, ilustró la docente. No obstante, señaló que el alumnado de ciclo básico concurre por la mañana, turno en el que trabaja la bibliotecaria; pues no hay cargo de bibliotecario -pedido desde hace rato- para cubrir y brindar servicio a los que van a la escuela por la tarde.
Al margen de los recursos, siguen proponiendo actividades. En efecto, también desde hace unos años, un grupo de alumnos que conforma el denominado Club de lectores solidarios, sale a convidar lecturas a otros. Así visitan geriátricos u hospitales de la ciudad, con sus libros bajo el brazo para luego leer alguna historia. Es decir, leen antes de salir a concretar su misión y leen en voz alta al viejito o el niño con yeso hasta la rodilla, internado en el San Roque, dejándolos con ganas de más lecturas.
Abrir los armarios
Graciela Genre Bert es una docente con más de 18 años frente al aula, que un día se convirtió en bibliotecaria al frente de la Escuela primaria Nº 202 Gaspar Benavento, de Paraná. Hoy está a cargo de la dirección de la institución pero sigue promoviendo la lectura entre los pequeños. Uno de los ejes que se propuso trabajar, fue empezar por la formación de usuarios de la biblioteca y la primera acción fue abrir los armarios de madera para que puedan verse los libros y los chicos accedan a ellos naturalmente. “Entonces preparé un armario con alrededor de 500 volúmenes -historietas, cuentos, revistas, libros de ciencias- para que los chicos se acerquen y busquen solos sus ejemplares. A partir de ahí, la biblioteca fue un lugar de encuentro, inclusive tenemos una ludoteca y en los recreos los chicos vienen y leemos textos instructivos para poder jugar. De los 260 niños que asisten a la primaria, unos 180 son usuarios habituales”, puntualizó.
Por otra parte, a principios de año, hace una visita guiada a la biblioteca con todos los grados para mostrarles los distintos tipos de libros que hay allí dentro. Si bien hay libros para leer sólo en sala, porque son ejemplares únicos, el resto se pueden llevar a la casa.
“Y si se pierden o se rompen, se volverán a comprar, al igual que pasa con una silla o un pupitre”, deslizó la maestra.
Como es una apasionada, se le ocurren mil y una posibilidades para atraer a los niños: “Con los alumnos del segundo ciclo leemos una novela por año, todas las semanas nos juntamos para leer un capítulo por vez y al término, tratamos de contactar a los autores. El año pasado leímos Anselmo tobillolargo, de Cristina Macjus, los chicos le escribieron a la autora y ella nos contestó. Del mismo modo, este año, estamos leyendo Enero en Mar del Sur de María Brandán Araoz”, relató. Asimismo, agregó que a fin de año, suelen elegir al mejor usuario de la biblioteca, por grado. “No se puede repetir el premio, porque la idea es que cada uno contagie al resto y a los que ganan, les regalo un libro”, apuntó.
Pero la estrategia va más allá y trasciende la frontera escolar. “Hasta los padres se involucran y vienen a buscar libros con sus hijos, a contraturno y valoran lo que uno hace en materia de promoción de lectura”, confió Genre Bert.
Fuente El Diario




Felicito a las persona que trabajan y se involucran cotidianamente con la lectura, teniendo en cuenta que es un proceso a muuuuuy largo plazo. El acto de leer es en esencia un acto socializante donde cada uno de los que ingresa tiene abierta cientos de puertas para disfrutar y vivenciar distintas aventuras, además de conectarse con muchisimas personas en sus trayectos.
Rescato como los más lectores a los niños jóvenes, no así a los adultos que somos los que no que quejamos de la carencia de éste hábito cuando somos muy pocos los que nos comprometemos de verdad con ella, la lectura, tal cómo lo hacen estas docentes.
Las felicito. somos muchos los que estamos en esta bellísima aventura de la lectura.
Silvina Suárez. Bibliotecaria y narradora oral.