Por Mercedes García
“Aprender a ver una obra teatral, adiestrar el ojo a un espectáculo tan vívido, es un proceso que lleva su tiempo. Pero cuanto más joven es una persona, más apta está para experimentar miedo, felicidad, angustia, y sobre todas las cosas, participación e identificación con los personajes de la obra. En los chicos, el teatro genera infinitas posibilidades de pensamiento e imaginación”. Quien habla es la actriz y directora Silvina Fontelles, que estará participando junto al grupo paranaense Patatas Patas en el XII Festival de Espectáculos Infantiles que se llevará a cabo en la capital provincial del 10 al 25 de julio en el Teatro 3 de Febrero y el Centro Cultural Juan L. Ortiz.
Fontelles y companía montarán la obra de títeres “La gran travesía”, ganadora de varios premios nacionales y que vuelve a escena el sábado 17.
Dice Fontelles: “Es sumamente importante, en una época dominada por los multimedios de comunicación, que volvamos a tener espacios particulares donde el arte dramático esté involucrado en el universo de los chicos.”
Es escena se verá a una bruja que narra la historia de Brinco Morrón y tres enanos, ayudados por un mago, quienes irán en busca de un tesoro. El viaje no es nada fácil, hay peligros inminentes: Brinco deberá enfrentar a una araña gigante y a un dragón hasta dar con su objetivo, mientras pone a prueba la amistad y el compañerismo, entre otros valores.
“La experiencia que vive el público infantil es muy fuerte”, continúa Fontelles, “por algo el teatro sigue aún en pie. No debería haber ningún motivo, ante tanta tecnología del entretenimiento y el espectáculo, y sin embargo el teatro fascina y convoca. Eso te da la pauta de lo que significa el acontecimiento, citando a algún teórico de la dramaturgia, que hace que las personas vayan a un lugar donde saben que van a ser engañados en la mayor felicidad del engaño que es el arte. El arte es una mentira, sin embargo uno se sienta en la platea y se cree que lo que está pasando en el relato es así y no de otro modo. Se trata de un rito, que se renueva permanentemente, por más que el texto de la obra se repita. Cada puesta en escena de la obra será diferente porque el público se renueva y los actores están diferentes, y es ese proceso lo que conmueve. En la producción humana de los actores hay mucho amor y entrega, y este pacto implícito de admiración y fascinación entre artistas y público, los chicos lo captan instantáneamente. A partir de ese acontecimiento se despliega la imaginación”.
En la obra trabajan cuatro titiriteros, con títeres en los que se utilizan diversas técnicas, extraídas del teatro negro. La entrada para grandes y chicos quedó fijada en 10 pesos por persona.



